Mis lecturas favoritas del año 2020

Cualquier objetivo que tuviera presente este año se deshizo en miles de añicos a principios de marzo; sin embargo, y a pesar de haber tenido tantas cosas malas tengo que reconocer que mi año lector ha sido uno de los mejores que recuerdo. He leído muchos libros, no sólo novedades, recuperando libros de otros años que tenía pendientes y, en general, a pesar de las grandes dificultades he conseguido disfrutar. De hecho, la lectura ha sido, a nivel de ocio, mi verdadera salvación personal. También he tenido que ir adaptándolo, en unas épocas me entraban mejor los cómics, en otras los relatos, en algún momento el terror…. Ha requerido una gran adaptación continua por mi parte. Nadie dijo que fuera fácil pero el resultado final es para estar orgulloso, de hecho, es lo único que he hecho bien en todo el año.

Dicho lo anterior, es el décimo año en que hago una selección de mis lecturas favoritas; aquí tenéis las listas de los años anteriores:

Lecturas favoritas Año 2011.

Lecturas favoritas Año 2012.

Lecturas favoritas Año 2013.

Lecturas favoritas Año 2014.

Lecturas favoritas Año 2015.

Lecturas favoritas Año 2016.

Lecturas favoritas Año 2017.

-Lecturas favoritas Año 2018.

-Lecturas favoritas Año 2019.

Sinceramente, la utilidad de estas listas es la manera de hacer balance personal del año, sirven para valorar lo que he leído de manera cualitativa y junto con el post de las estadísticas, complemento cuantitativamente esta información. Me consta que a varios lectores les sirven para prever posibles lecturas (o no), pero, sinceramente, no es el objetivo, lo hago porque me apetece a mí, como todo lo que aparece en este blog, si a alguien le viene bien, bienvenido sea. Los criterios son los mismos del resto de años pero los voy a resumir de manera esquemática:

Los criterios son los mismos del resto de años pero los voy a resumir de manera esquemática:

-Hago la lista sobre libros publicados o reeditados en el 2019. Ni mucho menos me leo todo (ni nadie lo hace) y tengo mayor afinidad por libros de editoriales pequeñas independientes que por las grandes monopolizadoras (esta afinidad tiene que ver con leer antes un libro que otro), aun así podréis comprobar que hay de todo. Este año particular he puesto dos libros de años anteriores porque he diversificado más las lecturas.

-El número de libros de esta lista varía de un año a otro, no pongo límites, este año son diecisiete los elegidos, que parecen acordes en cantidad con los casi 215 libros que he leído.

– El orden en el que aparecen  intentaba que fuera cronológico aunque se puede haber mezclado alguna (este año seguro que ha ocurrido), desde principios de año hasta las últimas lecturas, no asigno posiciones, son mis libros favoritos sin más.

– No hay restricciones en cuanto al género escogido ni la temática. Este año especialmente podréis comprobar que hay más literatura de género que nunca.

–Lo más importante: el criterio de elección es mi gusto personal, aparecen los libros con los que más he disfrutado (por los motivos que sean).

-Ah, NO MENOS IMPORTANTE, los he leído todos.

Sin más dilación, que entre ya la lista de mis favoritos:

En la costa desaparecida de Francisco Serrano, (Episkaia), arranca mi lista de lo mejor del año justo con uno de los libros con lo que empecé el año. Eran todavía momentos en los que existía Canino y lo recomendé efusivamente era inocente, ni me imaginaba cómo iría todo. Esta novela de vaqueros juega maravillosamente con los arquetipos del género añadiendo elementos contemporáneos que la enriquecen y, desde luego, sin dejar de ser entretenidísima


A lo lejos de Hernán Díaz (Impedimenta), inolvidable el relato de formación de Hakan que nos ha llegado gracias a Impedimenta. Pocas historias han conseguido emocionarme tanto como ésta en este año de tristezas. Y sí, hablo de otro western, empecé en el oeste a lo grande. Traducción: Jon Bilbao.



Tierra de sueños de Sam Quinones (Capitán Swing), este año me prometí a mí mismo leer más ensayos, fue un buen propósito aunque no lo conseguí con la suficiente regularidad. Capitán Swing han dado una buena cosecha (aparte de los de virus, que ha sido empacho) y este texto sobre la crisis de los opiáceos en EEUU es impresionante (y desolador). Traducción: Noelia González Barrancos.




Hamster Princess y la maldición de la bruja ratona de Ursula Vernon (Montena), una de las características que más me define a la hora de escoger una lectura es no estar cerrado a ninguna posibilidad, de ahí que en esta lista con lo que más me ha gustado pueda aparecer cualquier género y para cualquier edad. Tal es el caso de esta obra, creada por la grandísima Ursula Vernon, autora muy versátil, donde tenemos una reformulación del papel tradicional de la típica princesa, todo hecho de una manera bastante divertida. Un gran libro para niños que los adultos también pueden disfrutar. Traducción: Enric Batalla




La única criatura enorme e inofensiva de Brooke Bolander (Crononauta), no puede faltar Crononauta en esta selección de lo que más he disfrutado este año. Gracias a su #matreon he gozado este año de una gran cantidad de relatos de ciencia ficción escritos por mujeres y su catálogo está siempre bien escogido. Buena muestra de su gusto es esta pequeña fábula de Brooke Bolander basada en un hecho real, tan encantadora como oscura.  Inclasificablemente hermosa. Traducción: Carla Bataller Estruch


Hacia las estrellas de Mary Robinette Kowal (Oz Editorial), el primer libro de la saga de Lady Astronauta es un bombazo en todos los sentidos, desde el impactante comienzo en la gran tradición de las novelas y películas de desastres hasta la maravillosa puesta en escena para realizar el primer vuelo al espacio. Puede que sea por mi debilidad natural a este tipo de historias pero, ciertamente, es imposible no dejarse llevar por una historia tan adictiva.  Traducción: Aitana Vega Casiano



Hija de sangre y otros relatos de Octavia Butler (Consonni), qué alegría poder disfrutar de las obras de Octavia Butler, máxime cuando se trata de una antología de relatos tan excepcional como esta; además, tiene pinta de que está funcionando (como el caso de Le Guin) y vamos a tener más obras suyas el año que viene. Qué maravilla. Traducción: Arrate Hidalgo



Qué pasa cuando un hombre cae del cielo de Lesley Nneka Arimah (Minúscula), sus relatos son una curiosa mezcla que va desde el relato más realista hasta la ciencia ficción distópica. Y todo ello con las particularidades de una autora que no duda en utilizar sus vivencias en Nigeria para construir un consistente discurso relativo a lo racial. Un ejemplo excepcional de cómo la diversidad puede enriquecer el relato tradicional. Traducción: Maia Figueroa Evans


Cuentos completos de Lorrie Moore (Seix Barral), es un libro excepcional aunque solo sea por tener en su interior Pájaros de América, quizá la mejor antología de Moore. La autora es perfecta a la hora de mostrar el tejido de la sociedad norteamericana a través de sus retazos y están siempre teñidos de pesadumbre, de una tristeza no apta para todos los estómagos. Sus historias no buscan un crescendo final, sin embargo, cada párrafo suele resultar demoledor en sí mismo, ya que se puede pasar de la carcajada amarga a la tristeza más dolorosa. Es increíble su talento para encontrar la frase justa. En fin, una titana. Traducción: Alejandro Pareja Rodríguez, Isabel Murillo Fort, María José Galilea Richard, Daniel Rodríguez Gascón

Muerte es la sentencia de Anthony Horowitz (Catedral), bravo nuevamente por Catedral, que nos trajeron la metanovela policíaca del gran Anthony Horowitz, continuando la serie que se inició con Asesinato es la palabra, una de mis novelas favoritas del año pasado por dos temas fundamentales: en primer lugar, el manejo de la trama policíaca; en segundo lugar, la incorporación del propio autor a la novela como si fuera el Watson de Hawthorne. Da gusto leer una novela policíaca que añade novedades a lo habitual, máxime cuando además es divertida. Traducción: Julia Osuna Aguilar

Canciones de amor para tímidos y cínicos de Robert Shearman (La máquina hace Ping!), incluí esta antología tan original y fuera de lo común en mi lista para Halloween de este año. Tampoco es que se adscriba enteramente al género, pero rodea lo macabro/grotesco en muchas de sus historias y lo presenta de una manera muy sutil y con un gran uso de la ironía. Shearman es un juntaletras ciertamente habilidoso. No es fácil hacer crear historias desagradables a priori por los temas tratados y que no resulten imposibles de leer. Traducción: Roberto Pino Botella


Agujeros de Sol  de Nieves Mories (Dilatando Mentes), ya lo dije en esta lista de Halloween, Mories tiene un gran talento para el terror y consigue dotar de vida a un episodio oscuro de nuestra historia de una manera simplemente prodigiosa a pesar de la truculencia y dureza de alguna de las escenas que plantea. En un año donde el terror ha destacado especialmente como género a seguir, Nieves Mories brilla con toda su oscuridad dentro de él.


Ella dijo destruye de Nadia Bulkin (La biblioteca de Carfax), la escritora de padre javanés y madre estadounidense pasó su infancia en Indonesia y no duda en utilizar elementos propios de dicha cultura para construir sus historias. El resultado es único y brilla de tantas formas que es imposible abarcarlas todas en un espacio tan breve. Lo que está claro es que son tan originales que no puedes esperar lo que ocurra al pasar cada página y eso ya es una barbaridad. Sin duda, mi libro de terror favorito este año. Traducción: Antonio Rivas


Colmillos de Sarah Andersen (Bridge), es otro conjunto de tiras de la autora en los que ha cambiado la temática habitual, sus protagonistas son una vampira y un hombre lobo y habla sobre el enamoramiento de ambos y cómo, a pesar de sus evidentes diferencias, pueden llegar a enamorarse. La autora aprovecha para utilizar todos los tópicos aplicables a las dos criaturas para montar situaciones divertidísimas sin olvidarse de ser tierna. Es una pequeña maravilla, dibujada con mucho gusto y de manera muy especial. Traducción: José M. López

Momoko y la gata de Mariko Koike (Lumen), uno de esos libros que sorprenden porque no esperas la historia que te cuenta, máxime en un año en el que tampoco ha habido una gran cosecha en lo que se refiere a lo policiaco. Lástima lo poco que se movió, es normal que ocurra en una editorial grande, por otra parte. Traducción: Gabriel Álvarez Martínez


Las voladoras de Mónica Ojeda (Páginas de espuma), hasta tres libros se han podido disfrutar este año de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda, escritora a la que sigo desde haber leído esa locura que fue Mandíbula; no quería dejar pasar este año sin resaltar alguna de ellas; pudiendo escoger entre poesía, ficción y relatos, al final me he decidido por su libro de cuentos que incluye ocho historias únicas que resumen bien el estilo tan particular de una autora diferente y siempre interesante. Buena manera de descubrirla.


Otoño de Ali Smith (Nórdica), siempre he sido más aficionado a la escritora escocesa gracias a sus relatos pero tengo que reconocer que con Otoño sí que me he rendido a los encantos de su ficción. Esta primera novela del cuarteto estacional triunfa por su sugerente estilo, muy alejado de lo que puedes esperar de una historia que tiene el brexit como centro de su trama. Hay algo mágico en lo que nos quiere decir la autora y, sinceramente, lo compro todo. Traducción: Magdalena Palmer


El libro de las lágrimas de Heather Christle (Tránsito), curiosísima la propuesta de Christle, se intenta vender como un libro de no ficción pero está a caballo, de una manera muy particular, del ensayo y la poesía.  Es una propuesta brillantísima, ya que, a lo largo de sus casi doscientas páginas es capaz de ahondar en los fenómenos físicos que generan el llanto sin olvidarse de todo fenómeno colateral a ellas, y sin entrar en la posible ñoñería que podría suponer tratar un tema de esta naturaleza. Traducción: Magdalena Palmer


La cronología del agua de Lidia Yuknavitch (Carmot Editorial), este es uno de los libros que han entrado en la lista y que no era de este año pero merecía aparecer por aquí. Nunca una biografía me ha resultado tan poderosa en tantos términos, la escritura de Yuknavitch es tan descarnada como los acontecimientos que rodean su vida y es imposible quedar indiferente ante el dolor de su trazo. Un libro ciertamente inolvidable. Traducción: Rocío Gómez de los Riscos


Sobre una montaña de John D’Agata (Dioptrías), lo mismo se puede decir de este ensayo tan particular y único que se me quedó en el tintero hace ya unos cuantos años. Menos mal que he llegado a él este año (me lo recordó un club de lectura que realizaron sobre la obra en La Sombra). Entre otras cosas porque ensayo es una clasificación que se queda bastante lejos del alcance del inmenso trabajo de John D’Agata, que es una mezcla de ensayo, memorias, crónica de la sociedad y sí, poesía. Es un híbrido único y excepcional, una de esas obras para siempre, no hay muchas como ella. Traducción: Inmaculada C. Pérez Parra


Y eso es todo, ya es demasiado por este año. Veremos cómo se presenta el siguiente.

¡FELIZ AÑO 2021! !Buenas lecturas!

Lecturas Mayo 2014. Mes de antología(s) y Mujeres

Es curioso comprobar mes a mes por dónde te llevan las lecturas. Cada vez soy menos programático y las novedades que llegan van sustituyendo a otras sin ningún criterio en particular; sirva de ejemplo la feria del libro que ha ocurrido entre medias y que ha variado sustancialmente el orden de lecturas.

Pues bien, repasando las lecturas de mayo, me he dado cuenta de que se pueden resumir en tres ejes principales:

-Antologías de relatos, tanto de un autor único como de varios con un eje principal que las una.

-Escritoras, para eso ha influenciado claramente el fallo reciente del Baileys Womens Prize for  Fiction.

-Novela policíaca y de género.

Teniendo en cuenta estos temas principales, ¡que entre la pila! Como diría uno que yo me sé. Ya sabéis que siempre es estricto orden cronológico:

“Silencios de pánico. Historia del cine fantástico y de terror Español, 1897-2010” de Diego López y David Pizarro, voluminoso y consistente ensayo sobre ese gran desconocido para el público general, el cine fantástico y de terror. Quizá exhaustivo es una palabra que se queda corta en esta ocasión.

“La cámara sangrienta” de Ángela Carter, reedición de la estimulante recopilación de cuentos de la británica con el aliciente de las magníficas ilustraciones de Alejandra Acosta y una edición de excelente de Sexto piso. Una reescritura de los clásicos en clave de perversidad.

“¿Y tú qué clase de madre eres?” de Paula Daly, una de esas novelas tremendamente bien planteadas en la trama y que desfallece en su recta final. Policíaca para mujeres, pero disfrutable también por hombres.

“Los entusiastas” de Arturo Borja, nunca habría pensado que un libro para moteros pudiera convencerme e interesarme. Macadán y su autor Arturo Borja me llevan la contraria.

“Tras las huellas de Arsenio Lupin” de varios autores, irregular recopilación de historias que giran en torno a las novelas de Leblanc, cinco cuentos clásicos y un poco de morralla.

“Relatos hispánicos asombrosos y de terror” edición de Emilio J. Sales Dasí, se comienza a rellenar un hueco aún más escondido de nuestra literatura: los relatos de ciencia ficción y terror. Verdaderamente delicioso.

“Cuentos de detectives Victorianos” edición  de Ana Useros, desde su publicación esta antología se ha convertido en una obra de referencia. Necesaria para entender el devenir histórico de la novela policíaca antes de la edad dorada.

“La cábala” de Thornton Wilder, la primera novela del norteamericano plantea sus teorías conspiranoicas de una manera atractiva; el desarrollo, por el contrario, adolece de interés y se lee sin pasión; eso sí, su prosa embriaga por momentos.

“El estafador” de Ed McBain, la última de McBain denota una vez más las grandes virtudes de su autor. El final está cargado de tensión y se acerca, prácticamente a la perfección. Trepidante.

“Ritos funerarios” de Hannah Kent, ópera prima de la australiana, nominada para el Baileys. Una buena obra que trata de la Islandia del siglo XIX y el papel de la mujer en dicha sociedad. Es un tipo de obra que busca empatizar con el lector y lo consigue con creces con muy buenos momentos.

“El traficante” de Ed McBain,  leyendo la anterior del mismo autor, me acordé de que tenía pendiente la tercera de la serie del Distrito 87; dicho y hecho, leerla y disfrutar es todo uno. Otra muy buena novela policíaca.

“La última noche” de James Salter, forma excelente para comenzar a leer al escritor norteamericano. Una recopilación breve pero de una intensidad proverbial.

“La hondonada” de Jhumpa Lahiri, otro de los nominados al Baileys, la india-americana es una garantía segura de calidad. Gracias a esta maravillosa lectura en la feria del libro adquirí su primera gran obra “Tierra desacostumbrada”. La historia de dos hermanos indios a lo largo del tiempo le sirve de contexto para mostrar hechos históricos y reflejar con todo lujo de detalles las complejidades de las relaciones humanas y el papel de la mujer con una óptica postcolonialista de fondo.

“Bark: Stories” de Lorrie Moore, la última antología de la autora norteamericana no ha sido traducida al castellano aún. No pude resistir la espera. Es una debilidad y vale la pena disfrutarla en inglés.

“Asesinato en la torre Eiffel” de Steve Stevenson, una serie de libros de detectives infantiles con la gran inspiración de Sherlock Holmes de fondo. Muy bien ejecutada, con humor y una trama que no te toma por tonto. Buena serie que seguiré leyendo.

Y eso es todo, no ha ido mal. En cuanto a Junio, lo que decía de la feria es verdad, estas fueron las compras. Y alguna más que no está en foto; y han trastocado lo previsto.

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Lo que sí tengo claro es que me apetecen especialmente estas dos lecturas.

“Arte salvaje. Una biografía de Jim Thompson” de Robert Polito, todos los que amamos la obra de uno de los más grandes de lo policiaco-hardboiled esperábamos esta obra con verdadera ansia. Leído una cuarta parte, puedo certificar que la espera ha valido la pena.

“NOS4A2” de Joe Hill, el hijo de Stephen King ha entendido perfectamente cómo sacar su propia voz más allá de su parentesco  con el coloso del terror. Espero que siga la senda de “Cuernos” y veamos al mejor Hill.

Y lo demás, quién sabe… el próximo mes lo sabréis, ya estamos casi a mitad de año por cierto.

“Bark: Stories” de Lorrie Moore. Dark Stories

barkTengo que suponer que este libro acabará publicándose por aquí. Pero no me he podido resistir, al final lo he leído en inglés. Lorrie Moore es escritora de contrastes, de ella, y de sus propios lectores, no hay término medio entre los que la amamos sin remedio  y los que la odian sin piedad.

Hacía dieciséis años de su última y famosa recopilación de cuentos, el fabuloso “Pájaros de América”. Este “Bark: Stories” recoge ocho pequeños relatos que nos traen nuevamente el genio de la escritora, aunque en este caso estén cada vez más teñidos de pesadumbre, de amargura y falta de determinación, es un cotidiano deprimente; las historias de Moore no tienen artificios, no hay crescendos que nos lleven a un clímax final, no hay posibilidad, la mayoría de las veces, de empatizar con los personajes; sus historias son un reflejo de la vida, de lo que ocurre cada día, de rutinas que pueden llegarnos o no, pero ante las que tenemos que adoptar una cierta distancia.

La historia que abre el tomo, “Debarking”, me sorprendió por la nota de humor constante, solamente tenemos que fijarnos en la conversación que Ira mantiene con su hija Bekka; Ira está recientemente divorciado de su mujer y es uno de esos momentos que comparte con su hija:

“Bekka  shrugged and chewed. “Whatever,” she said, her new word for “You’re Welcome,” “Hello”, “Good-bye,” and “I’m only eight.” “I really just don’t want all his stuff there. Already his car blocks our car in the driveway.”

“Bummer,” said Ira, his new word for “I must remain as neutral as possible” and “Your mother’s a whore.”

“I don’t want a stepfather,” Bekka said.

“Maybe he could just live on the steps,” Ira said, and Bekka smirked, her mouth full of mozzarella.

“Besides,” she said. “I like Larry better. He’s stronger.”

“Who’s Larry?” Ira said, instead of “Bummer.”

“He’s this other dude,” Bekka said. She sometimes referred to her mother as a “dudette.” “She’s a dudette, all right,” Ira would say.

“Bummer,” said Ira now, “Big, big bummer.”

El humor, ciertamente, no es brillante, no es para sacar sonrisas, entre otras cosas porque lo que hay detrás es un fondo en el que las cosas no salen todo lo bien que uno esperaba: Ira está divorciado y su mujer se relaciona con otras personas en varias ocasiones (el juego con “dudette”  que hace su hija es el reflejo de esta situación); el uso de los eufemismos es un reflejo de su propia impotencia, es un perdedor, ni más ni menos.

Otra característica es su reflejo de la situación política en EE.UU., con el mismo tipo de humor satiriza la gestión del archiconocido George Bush, desde luego no sale bien parado:

“WAR IS NOT THE PATH TO PEACE, she read slowly aloud. Then added, “Well duh.”

WAR IS NOT THE ANSWER, She read on another. “Well that doesn’t make sense,” she said to Ira. “War is the answer,” she said. “It’s the answer to the question What’s George Bush going to do real soon?”

Esta mezcla de cotidianidad y amargura es paradigmática en el comienzo  de “The Juniper Tree”:

“The night Robin Ross was dying in the hospital, I was waiting for a man to come pick me up -a man she had once dated, months before I began dating him- and he was late an I was wondering whether his going to see her with me was even wise. Perhaps I should go alone. Her colleague ZJ had called that morning and said, “Things are bad. When she leaves the hospital, she’s not going home.”

El comienzo y el final del párrafo son demoledores, no hay nada positivo que se le pueda sacar a esa situación, en el medio, las disquisiciones que haríamos cualquier día de nuestra vida; la vida no es un “camino de rosas” y, sobre todo, está llena de indecisiones ante los grandes problemas que pueden surgir.

Esta infelicidad es más que palpable en “Paper Losses” donde vuelve a tratar el tema del divorcio, del fracaso de la pareja, y más allá, extendiéndolo, de las relaciones entre personas, más si eres mujer:

“It had been a year since Rafe had kissed her. She sort of cared and sort of didn’t. A woman had to choose her own particular unhappiness carefully. That was the only happiness in life: to choose the best unhappiness. An unwise move, good God, you could squander everything.” 

“La única felicidad (de una mujer) es poder elegir su propia infelicidad”, no hay lugar para bromas  de una historia ciertamente demoledora.

En “Referential” volvemos a encontrarnos con esta carencia de alegría que nos trae, a veces, vivir; el objetivo es conseguir tener menos dolor, por lo menos, la esperanza como única posibilidad para superar esa infelicidad, a pesar de ser etérea, se vuelve una posible respuesta:

“There he was a plumpish teenager, his arm around Pete. And there in the corner he was an infant again, held by his dignified, handsome father, whom her son did not recall because he had died so long ago. All this had to be accepted. Living did not mean one joy piled upon another. It was merely the hope for less pain, hope played like a playing card upon another hope, a wish for kindnesses and mercies to emerge like kings and queens in an unexpected change of the game. One could hold the cards oneself or not: they would land the same regardless. Tenderness did not enter except in a damaged way and by luck.”

Hasta un relato que aparenta una acción de gracias, como es “Thank you for having me” no se libra de una enfermiza falta de optimismo, reflejado especialmente en los vestidos que llevan las damas de honor:

“The bridesmaids were in pastels: one the light peach of baby aspirin; one the seafoam  green of low-dose clonazepam; the other the pale daffodil of the nest lowest close of clonazepam. What a good idea to have the look of Big Pharma at your wedding. Why hadn’t I thought of that? What hadn’t I thought of that until now?”

Que el narrador identifique los colores con un medicamento como el clonazepam que se usa para tratar trastornos de ansiedad, pánico, fobia social y hasta trastornos bipolares, desde luego, no parece una casualidad. Es el reflejo de lo más oscuro de nuestro interior, de nuestras dificultades para relacionarnos con los demás, de nuestras dudas ante lo que nos va ocurriendo.

Una telaraña de cuentos cuyas hebras se hunden en una complejidad estilística y estructural con un fondo de dolor y aflicción continua: una mezcla indigesta para muchos, un cóctel irresistible para otros.

“La última noche” de James Salter. Lo que se dice y lo que no se dice: ingeniería del relato.

la_última_noche_james_salterNo se prodiga mucho el norteamericano James Salter; no es Donna Tartt, pero tampoco podemos decir que sea muy prolífico; cuando pedí consejo sobre qué leer de él la recomendación (del de siempre…) fue esta recopilación de cuentos cortos “La última noche”, del 2005,y tengo que reconocer que he acertado de pleno, estamos ante una verdadera maravilla.

Para profanos, es necesario comentar algún aspecto inicial; estamos hablando de una recopilación de cuentos cortos, con todo lo que ello conlleva;  el cuento, relato breve o narración corta está a medio camino de la poesía y la novela; juega otro tipo de recursos muy diferentes a los habituales en la novela más larga y que son más afines al público general deseoso de entrar en historias que les transporten durante un tiempo determinado. El cuento tiene que impactar/funcionar de otra manera y en un espacio más corto, de ahí que esté más cerca de lo poético (mucho menos  popular…) y no todo el mundo puede apreciarlo. Esto es un hecho demostrado, de hecho, lo estoy comprobando casi cada día con los que se van estrellando en la narrativa de la última ganadora del Nobel de literatura: Alice Munro.  No quiere decir que el público general no disfrute de la narrativa breve, ahí están los casos de Poe o Murakami; sin embargo, Lorrie Moore y Salter, por poner algún ejemplo, son menos accesibles.

El primer relato de esta antología “Cometa” es un prodigio de ese tipo de cosas que convierten su lectura en algo especial: continuos cambios de punto de vista, Silencios que implican a veces más que lo que está contando explícitamente. Concreción y puntillismo. Pinceladas que lo dicen todo. No hay paja que emborrone. Estamos ante pequeñas narraciones que se saltan toda linealidad: del presente al pasado (y viceversa)  sin apenas transición.

Una historia que trata de las sorpresas que pueden aparecer en la vida y de los trenes que pasan y puedes coger o no:

“Estaba acodado en la mesa, con la barbilla apoyada en la mano. Crees que conoces a alguien, te lo parece porque cenas con él o con ella, juegas a las cartas, pero en realidad no es así. Siempre te llevas una sorpresa. Uno no sabe nada.”

La metáfora del cometa como imagen paradigmática de lo fugaz que puede ser algo que te sucede:

“-No veo ningún cometa –dijo ella.

-¿No?

-¿Dónde está?

-Justo ahí encima –señaló él-. No se distingue de cualquier otra estrella. Es eso que sobra al lado de las Pléyades. –Phil conocía todas las constelaciones. Las había visto surgir con la oscuridad sobre costas desoladoras.

-Vamos, ya lo mirarás mañana –dijo ella, casi como si lo consolara, pero no se acercó a él.

-Mañana no estará. Solo pasa una vez.”

Esos recursos se irán repitiendo en cada una de las diez maravillas, obligando al lector a un esfuerzo, una complicidad mayor; no puedes descuidarte ni un momento porque, posiblemente, estés perdiéndote un detalle, elíptico o escrito, que sea imprescindible para la cohesión de la historia.

En “Los ojos de las estrellas” es el recuerdo, de un autor en el crepúsculo de su vida, lo que mantiene nuestra estabilidad, no lo que sucede después: “Estaba acordándose de cómo empezó todo. Recordó las botellas de cerveza rodando por el suelo de la parte trasera del coche cuando tenía quince años y él le hacía el amor todas las mañanas y  ella no sabía si estaba iniciando la vida o tirándola por la ventana, pero lo amaba y nunca olvidaría.”

“El don”, sin embargo,  es el pretexto de una pareja para solucionar las dificultades que van surgiendo y que entorpecen su convivencia; la renuncia a uno mismo para mantener la unión, aunque sea insalvable, como es el sorprendente desenlace:

“Teníamos una manera de solventar las pequeñas cosas que al principio pasábamos por alto pero que con el tiempo resultaban molestas. Lo llamábamos “el don” y estábamos de acuerdo en que tenía que ser un compromiso duradero. La frase usada con exceso, cierto hábito al comer, incluso esa prenda de ropa favorita… un don era el resultado de un ruego para el otro renunciara a esa cosa en concreto. No podías pedirle que hiciera algo, sólo que dejara de hacerlo.”

Hay un lamento ante las decisiones tomadas en el pasado en “Palm court”; el remordimiento ante una decisión errónea reconcome al protagonista:

“Caminando por la calle con tacones altos, solas o en grupo, había chicas como la que Noreen había sido, en gran número. Pensó en el amor que había llenado la gran habitación central de su vida y en que no volvería a conocer a nadie como ella. No supo qué lo embargaba, pero en medio de la calle se echó a llorar.”

El cuento homónimo, con la eutanasia de fondo, nos agarra de nuestro subconsciente más hondo, saber lo que puede suceder no resta dramatismo y lirismo a una historia que se convierte en una paradoja:

“La oyó suspirar. Tenía los ojos cerrados cuando se tumbó con expresión apacible. Había subido a bordo. Dios mío, pensó él. Dios mío. La había conocido cuando ella tenía veintipocos años, las piernas largas y el alma inocente. Ahora la había deslizado bajo el flujo del tiempo, como un sepelio marino. Su mano aún estaba caliente. Se la llevó a los labios. Luego subió la colcha para taparle las piernas. La casa estaba increíblemente serena. El silencio se había adueñado de ella, el silencio de un acto fatídico. No oyó que soplara el viento.”

Poco puedo decir más, simplemente, abandonaos al poder de la narración de Salter. Un gran maestro de las distancias cortas.

Los textos provienen de la traducción del inglés de Luís Murillo Fort para “La última noche” de James Salter en Salamandra.

Las consecuencias de la concesión del Nobel a Munro. “Infiel. Historias de transgresión” de Joyce Carol Oates

infielMe gustaría subrayar las consecuencias del Nobel a Alice Munro; no son pocas y tienen bastante importancia en el mundo literario:

La primera de ellas es, evidentemente, lo romántica que resulta esta elección; supone la exaltación, la entronización del cuento como género literario como obra magna; no olvidemos que si algo caracteriza a Munro es la creación de cuentos; de hecho, solamente podemos hablar de una novela oficial, e incluso podríamos clasificarla como un ciclo de cuentos con un hilo conductor.

Lo segundo: es una autora que va a intentar descubrir muchísima gente, sus obras son mainstream a nivel mundial, fáciles de encontrar; muchos intentarán descubrirla por curiosidad y les llevará a un mundo diferente con salvedades;  no todo el mundo será capaz de apreciar su genialidad por un hecho esencial: el cuento es lo más cercano al poema, una aproximación de una intensidad tremendamente lírica que no suele ser del gusto general,  mientras unos cuantos huirán despavoridos, otros disfrutarán de lo lindo.

Lo tercero: esta entrega supone la condenación eterna (¡qué dramático!) para las grandísimas e hipercompletas Atwood y Oates; sí, esto es una consecuencia negativa, porque no todo puede ser positivo, y más en este caso en que se va a producir unanimidad en la crítica internacional. Munro es buenísima, no nos engañemos; pero no quiero olvidar el hecho de que estas dos no lo van a recibir y han llegado a lo sublime en varias ocasiones, variando entre géneros y estilos.

Lo cuarto: las personas que descubran a Munro y les guste querrán descubrir obras contemporáneas del estilo. En ese caso no me cansaré de recomendar a Amy Hempel, tenemos sus “Cuentos completos” publicados; o a la grandísima Lorrie Moore, que con “Pájaros de América” se acerca poderosamente a la canadiense; tampoco debemos olvidarnos de su compatriota Atwood, “Chicas bailarinas” es un ejemplo que atestigua su buen hacer; y, naturalmente, el que quiera seguir profundizando más, tiene a la simpar Joyce Carol Oates, que con este “Infiel. Historias de transgresión.”  llega a lo sublime en tantas ocasiones que casi se convierte en una costumbre.

Y es que, aunque “Infiel” (Faithless) sea el título de uno de sus cuentos, no refleja lo que nos podemos encontrar en él. Es el subtítulo, “Historias de transgresión” lo que define esta increíble recopilación de historias.

Es curiosísimo estar en redes sociales de libros como Goodreads en particular, porque cada libro posee una valoración y, en ocasiones, reseñas de los lectores; en el caso de esta obra no tiene nota muy alta así que me dediqué a indagar; el caso es que en una mayoría muy amplia los que calificaban mal esta obra ,lo hacían porque la mayoría de los cuentos acaban mal. En efecto, esto es así.

Me he dado cuenta de dos motivaciones que tienen los lectores:

-La primera y primordial, la mayoría leen para encontrar algo distinto de  sus vidas. Es por ello que buscan que las historias acaben bien por encima de todo, eso hace que un libro sea redondo para ellas.

-La otra gran motivación es la necesidad de una catarsis, que ya hablé en esta crítica; leer sobre desgracias de los demás relativiza tus problemas y hace que sean más llevables.

Pues bien, este libro será perfecto para el segundo tipo de lector; en cuanto al primero, quizá deberíamos discutir sobre el hecho de si una obra de arte es mejor o peor si acaba bien o mal, en mi caso es claro que es independiente, ya que deberíamos más bien discutir sobre cómo está hecha; pero soy consciente de lo estéril de esta disquisición en la mayoría de las personas, incapaces de ninguna apreciación artística más allá de esta superficialidad. Por  lo tanto no me voy a poner a discutir sobre ello.

En estas “Historias de transgresión” nos podemos encontrar, sin más ni más, con una de las recopilaciones de cuentos más brutales y violentas disponibles; cada uno de ellos es una bomba de relojería emocional; un encuentro con los abismos del ser humano; una dolorosa experiencia de la que no te puedes olvidar al terminarlo. Joyce escribe con el corazón, con el alma, y desgarrador se convierte en una palabra demasiado leve para lo que presenciamos. Nadie ha reflejado la oscuridad del ser humano como Oates; esos recovecos de ambigüedad y malestar que no te dejan a medias, no hay medias tintas; es tal el dolor que se transmite que es difícil no quedar demolido ante tanta adversidad:

En “Au sable” presenciamos un suicidio programado; desde la primera persona de un hombre; Oates no necesita centrarse en una mujer, cualquier narrador es válido.

En “Fea” se refleja con toda la acritud posible el trauma que supone su fealdad a la protagonista:

“Él también era un feo. Un feo raro. Pero la fealdad en un hombre no importa demasiado. La fealdad es una mujer se convierte en su vida”

“Amante” supone la venganza de una amante despechada a la que no le importan los daños colaterales que pueda causar:

“A alta velocidad la  tristeza no es una posibilidad seria.

Él no la había amado lo suficiente como para morir con ella: ahora lo pagaría. Y otros pagarían también.”

El personaje femenino de “Preguntas” no duda en meterse cocaína para sobrevivir a lo que siente:

“Le duelen los senos y no quiere recordar el motivo. También le duelen los muslos. Gruesas protuberancias carnosas en la curva de sus caderas que no soporta contemplar o tocar, y sin embargo le dicen que es hermosa, un grano de uva madura y suculenta de Concord. La cabeza se le aclara rápidamente debido a la avalancha de la preciosa nieve y puede ver las cosas con una lucidez extraordinaria. La metadrina le resulta útil si no se siente precisamente bien los días de clases; necesita esa ventaja diabólica, esa energía blanca candente durante cincuenta minutos, no para pasar el rato como los chicos, sino por motivos terapéuticos, para volver a ser la Ali Einhorn más parecida a sí misma, no una vaca hija de puta, triste y rezagada.”

La madre de “Amor por las armas” tiene “suerte” de no haber sido asesinada:

“Nuestra familia tiene suerte, solía decir mi padre. Quizá estuviera siendo irónico, pero de hecho es así. Como cuando tiraron al suelo a mi madre, le robaron y fue sometida a una violación anal, y no la asesinaron. ¿Ves?”

“Infiel” supone una subversión de todo lo que estás suponiendo en un final transgresor como pocos y que cambia cualquier perspectiva halagüeña:

“Poco después de la desaparición de Gretel Nissenbaum surgieron, de numerosas fuentes, desde todos los puntos de la brújula, ciertas historias sobre la mujer. […] Una mala esposa. Una madre antinatural. Se decía que había abandonado a su esposo y a sus hijas en el pasado, que había regresado con su familia. […] Claro que tenía un novio, un amante. Claro que era una adúltera.”

En “Idilio en Manhattan” asistimos a un suicidio demoledor (por si alguna vez no lo fuera..):

“-¡Sí! Así es – y papá me besó en la mejilla y dijo- ¡Adiós, princesa! –en voz alta y alegre; y me apartó de él, y papá se metió el cañón de la pistola en la boca. Y apretó el gatillo.”

La violencia de género es la protagonista de “La Vigilia”, ¿cómo podría quedarse lejos en este catálogo de perversiones?

“Por favor, no hagas lo que sea que estás haciendo no me hagas conseguir una orden judicial, no, por favor pensé que estabas de acuerdo, pensé por qué tú esta no es la clase de hombre que yo creía que eras ¿Verdad?

Lo implícito se mezcla con lo explícito según el cuento; Oates es capaz de cambiar de narrador y narración para mostrarnos toda la crudeza de su percepción de la realidad vivida.

Todavía tengo alguno de los relatos en mi cabeza; como un germen que no puedo olvidar; tanto dolor, tanta brutalidad insana; Oates es excelsa, te remueve las entrañas como nadie y te hace reflexionar sobre el género humano, ese hombre que es “un lobo para el hombre”; ¿hasta dónde puede llegar la perversidad humana? Con ella nos acercamos bastante a alguno de los límites.

Solo hay que ver el relato del disfuncional “Tusk”

“Pasa la navaja por la arteria que ha ubicado bajo su mandíbula, una sensación aguda y abrasadora y comienza a sangrar de inmediato, pero el corte no es lo bastante profundo así que lo intenta de nuevo, sosteniendo firme su mano derecha con la izquierda y apretando con todas las fuerzas que le quedan, de rodillas, tambaleándose, jadeando, ahogándose por algo caliente y líquido. Mierda, se le ha caído la navaja, no la encuentra, tantea entre los periódicos mojados que hay en la acera, envoltorios arrugados amarillos de Doritos, pero allí está la navaja, la navaja reluciente por la sangre que es  su único consuelo, la coge y la aprieta en su puño y lo intenta otra vez.”

Joyce Carol Oates no ganará nunca el Nobel, pero para mí está en lo más alto de ese escalafón. Cuánta excelencia. Lo sublime está indisolublemente unido a su encomiable labor literaria. No me cansaré nunca de recomendarla.