Resumen Enero 2017. Empezando tranquilo

Empieza un nuevo año, y empiezan algunas novedades, no demasiadas; el mes de enero suele ser de transición todavía, de ahí que aproveche para leer algunos de los libros que se han ido quedando en el tintero el año pasado. Tampoco suele ser un mes en el que lea con demasiada constancia, da la impresión de que estoy cansado por haber terminado una maratón y es cierto que es más adelante cuando cojo velocidad de crucero.

A pesar de todo esto, la cosecha ha sido bastante razonable, han caído unos cuantos y por lo menos mantengo un ritmo constante y seguro, ¡que entre la lista!

Frida de Benjamin Lacombe, es el típico libro con el que suelo empezar el año debido a las circunstancias de mis vacaciones navideñas (poco tiempo para leer y concentrarse); de ahí que escoja lecturas ligeras y normalmente asociadas a libros ilustrados como este caso; aquí gracias a las fantásticas ilustraciones de Benjamin Lacombe que, en esta ocasión, siguen estructuras de hasta tres niveles según pasas las hojas, sirven para mostrarnos la vida de artista de una manera tan vistosa como su propia obra. 

Pesadilla en rosa de John MacDonald,  segunda historia de Travis McGee que publican en Libros del Asteroide y que, sinceramente, está pasando bastante desapercibida entre los seguidores habituales de novela policíaca. Las historias del “otro MacDonald” pasan de puntillas por lo hardboiled para mostrarnos historias cargadas de mucha alma ya que implican emocionalmente más de lo habitual al protagonista… sobre todo teniendo en cuenta que es el segundo número de una longeva serie. Buenas historias, siempre apetecibles.

Lamú 2 de Rumiko Takahashi, este año me leeré poco a poco, como ya comenté en otro resumen, todo este Urusei Yatsura; a estas alturas no me acuerdo por qué me gustó esta entrega pero si recuerdo que tanto este número como el siguiente supusieron la consolidación de la autora en la forma de plantear las tramas. En el primer volumen todos los números era un one-shot y en estos aprovecha localizaciones o situaciones para crear arcos argumentales de dos, tres o cuatro episodios, por ejemplo, una visita en la playa sirve para hacer tres historias de la playa distintas. Otra de las características que se asientan en estos números tiene que ver con los secundarios. Un montón de personajes que se convertirán en los protagonistas de las historias independientemente de las interacciones entre Ataru y Lamú.

Lamú 3 de Rumiko Takahashi, aplica igualmente lo comentado en el anterior número.

El oráculo oculto (Las pruebas de Apolo 1) de Rick Riordan, salido directamente de la serie de Los Héroes del Olimpo, este spin-off que tiene a Apolo como protagonista es una oportunidad más para que Riordan nos venda historias tremendamente entretenidas con una buena base mitológica. Es indudable que el autor es un especialista en hacer ficción para jóvenes y además enseñar algo de historia y, en este caso, aprovecha además para utilizar un personaje bisexual, cosa nada habitual en este tipo de aventuras.

Prosa inmortal: Delirium de VVAA, me gusta la idea, utilizar un elemento que vertebre las historias de ficción creadas por diferentes autores sirve para fomentar la creatividad y obtener, por lo menos, algo distinto. Lógicamente, con esta premisa, es difícil que todas las propuestas sean interesantes, es muy irregular; a pesar de todo, recomiendo su lectura aunque, en esta ocasión el tema vertebrador sea el más difícil de interpretar. Uno tiene sus debilidades, me gusta especialmente el cambio de estilo de Javi Avilés; también he disfrutado muchísimo de mi querida Esther Miguel Trula en el ensayo que lo finaliza y que parece que da una consistencia final a todo el libro (espero que se atreva con la ficción algún día).

Cine-Bis de VVAA, sexta entrega ya…  y sigue en plena forma, es imposible  no encontrar un artículo que te haga tilín especialmente; en esta ocasión hay varios, el final del artículo que se inició en el número anterior sobre el slasher y el comienzo de un nuevo artículo referido a esos inconmensurables hermanos Marx; larga vida a Cine-Bis, una apuesta por los contenidos de calidad.

Lamú 4 de Rumiko Takahashi, no me voy a extender, siguen las aventuras y Rumiko Takahashi se atreve con todo, puede acertar más o menos, pero cuando acierta plenamente consigue que me ría a carcajadas.

Japón Fantástico: Siglo XXI de VVAA, está claro que, a lo mejor, es una alta pretensión intentar escribir sobre el siglo XXI cuando sólo han pasado poco más de 16 años; dada la corta extensión, tampoco se podía esperar un estudio en profundidad, sin embargo, a pesar de todo esto, los ensayos recogidos no están mal pensados y consiguen mostrar una idea bastante aproximada de lo que se ha hecho en Japón para empezar este siglo XXI. Habrá que esperar entregas futuras que complementen aún más una idea inicial bastante interesante como esta.

Entre el mundo y yo de Ta-Nehisi Coates, cuando uno acaba de leer un libro como este todo lo que piensas da un vuelco irremediable. Las palabras sinceridad y valentía son las primeras que vienen a mi cabeza pero están inevitablemente unidas a la frustración, esa desagradable sensación de ser consciente que, mucha gente, por haber nacido con un color de piel, está condenada a una existencia llena de desventajas. Más aún,  soy capaz de entender gracias a Coates lo que son privilegios de nacimiento sin verlo como una amenaza. Me encanta que sea capaz de transmitir sus miedos por su hijo, especialmente sin resultar sensiblero, con un planteamiento tremendamente inteligente. Un libro único, sin más.

La larga marcha de Stephen King, esta relectura me vuelve a traer a un King soberbio, uno de los mejores libros que ha escrito el autor como Richard Bachman y que, próximamente, comentaremos unos intrépidos reporteros en la siguiente entrega de la Kingpedia en Canino.

Diarios Completos de Sylvia Plath, prometí que este sería uno de los primeros libros para empezar el 2017 y ha sido así, no podía ser de otra manera. Me fascina la relación que tuvieron Plath y Hughes y, sobre todo, las obras que hicieron ambos. Estos diarios vienen a completar muchos de los momentos de la vida de Plath y sorprenden porque no los utilizó como meros registros de los momentos de su vida sino que registraban el proceso creador de la escritora, cómo pasaba por buenos y malos momentos creativos y la forma en que evolucionaban unos y otros. No hay morbo, sino mucha experimentación literaria. 

Nadie me verá llorar de Cristina Rivera Garza, primera muestra que leo de la autora mejicana y, definitivamente, seguiré leyéndola, la autora consigue unir su exhaustiva búsqueda de documentación de tal forma que sirve para la escritura, es decir, más como medio que como un fin. Es lo opuesto a todos esos documentalistas que la gente confunde con escritores.

La carrera por el segundo lugar de William Gaddis, tarde o temprano aparecerá por aquí un artículo sobre este libro de ensayos póstumo de Mr Difficult.

El tenis como experiencia religiosa de David Foster Wallace, la épica victoria de Federer inspiró esta lectura y un artículo al que se puede acceder pinchando en el título. Uno nunca sabe qué puede desencadenar un texto.

Y eso es todo este mes.

PS: Se me olvidaba la última #carretilla de La sombra… ¡no puede faltar!

Un abrazo y ¡Buenas lecturas!

Escribir sobre deporte. Momentos Federer.

Imaginad artículos capaces de explicar el deporte, artículos que fueran capaces de mostrar las grandes gestas, en general, talentos individuales, juego en equipo y, sobre todo, que no se dejaran llevar de las típicas parcialidades. Si esto fuera así, veríamos portadas diversas, incluso podríamos haber visto en portada que Serena Williams ha sido capaz de ganar la desorbitada cantidad de 23 gran slams.

Hay que dejar de soñar, porque la realidad es más bien al contrario, los grandes diarios deportivos no se dedican más que a poner el fútbol en portada, centrado especialmente en Barcelona y Real Madrid… y alguna portada para el Atlético. Lo cierto es que al público no le gusta el deporte, le gusta solo ver ganar a sus favoritos y todo se convierte en un juego de rivalidad que enturbia cualquier juicio crítico. Te llaman antimadridista si dices que has disfrutado del último gol de Messi, no puede haber filtraciones, o te gusta todo lo que haga tu equipo o no eres un verdadero forofo. En este orden de cosas, casi todos los comentaristas deportivos se dedican a escribir “patochadas” llenas de “forofismo” en las que solo describen lo que ha sucedido sin mayor análisis. Es desangelante.

Y no será por oportunidades, la final del Open de Australia de este año 2017 fue calificada por varios medios como “vintage”. No era para menos, se volvía a reeditar el duelo clásico de los últimos años hasta la irrupción de Djokovic y Murray: Rafa Nadal contra Roger Federer. También es cierto que el duelo le encanta a los medios, entre otras cosas, porque el Head 2 Head de Nadal contra Federer es desorbitado a su favor. Sin lugar a dudas, puede ser considerado la bestia negra del suizo, con ningún otro tiene esa desventaja. De hecho, el duelo cerraba un círculo, el que se inició en el 2009, en aquella increíble final Roger Federer acabó llorando de frustración tras haberlo dado todo y darse cuenta de que era insuficiente ante la tenacidad y la resistencia del jugador español.

De ahí que la mayoría de los medios creyeran, no sin razón, que iba a ser otra oportunidad de que Nadal hiciera crecer su palmarés; yo mismo pensé que no iba a haber color en esta final por las características inherentes de ambos tenistas. La historia, sin embargo, nos demostró en este año 2017 que todo puede cambiar: un Roger Federer, de 35 años nada menos, fue capaz de cambiar el sentido de un quinto set y ganar al mallorquín donde siempre perdía. Un momento único sin lugar a dudas.

Nada más acabar la final, me acordé de un ensayo de David Foster Wallace (Recogido en El tenis como experiencia religiosa, con traducción de Javier Calvo) llamado Federer, en cuerpo y en lo otro, que aproveché para volver a leer. El mismo comienzo fue revelador:

“Casi todo el mundo que ama el tenis y sigue el circuito masculino por televisión ha vivido durante los últimos años eso que se puede denominar Momentos Federer. Se trata de una serie de ocasiones en que estás viendo jugar al joven suizo y se te queda la boca abierta y se te abren los ojos como platos y empiezas a hacer ruidos que provocan que venga corriendo tu cónyuge de la otra habitación para ver si estás bien. Los Momentos Federer resultan más intensos si has jugado lo bastante al tenis como para entender la imposibilidad de lo que acabas de verle hacer.”

Inmediatamente me acordé del punto más largo de la final, 26 golpes seguidos entre ambos que terminó con un golpe ganador de Roger Federer; no he practicado tenis, pero ese punto, en el contexto en que se encontraba (quinto set y casi siempre ganado en el pasado por el español) suponía todo un presagio además de producirme las mismas sensaciones que comenta Wallace. Esa increíble sensación de estar ante algo tan increíble como imposible (también me sucedió lo de los ruidos, mi mujer lo puede certificar).

El autor, tras desvelar un Momentos Federer que recordaba de un partido contra Agassi expone cuál es el objetivo de su ensayo, y ese objetivo va más allá de convencionalismos y, sobre todo partidismos por un tenista u otro:

“El presente artículo trata más bien de la experiencia de presenciar el juego de Federer y del contexto de esa experiencia. La tesis concreta que presento es que si nunca has visto jugar en directo a ese joven y de pronto lo ves, en persona, sobre la hierba sagrada de Wimbledon, primero durante el calor literalmente abrasador y luego bajo el viento y la lluvia que imperan en la quincena del torneo de 2006, entonces tienes todos los números de vivir lo que uno de los conductores del autobús de prensa describe como “una puñetera experiencia casi religiosa.” 

Lástima no haber podido vivir esa experiencia, ya que no he podido verlo en directo pero, gracias a lo que escribe el norteamericano soy aún más consciente de que no tengo ni idea de la velocidad que llevan las bolas, el poco tiempo que tienen los tenistas para darle ni de lo deprisa que son capaces de moverse. En este contexto, un súper campeón como Federer es, posiblemente, aún más rápido y potente pero con una característica añadida, “la impresión engañosa de serlo sin esfuerzo alguno.”

Me encanta cómo intenta luego explicar esta sensación que produce el tenista, y es especialmente impresionante la que él llama la explicación metafísica según la cual sería uno de esos privilegiados, “atletas sobrenaturales que parecen estar exentos, por lo menos en parte, de ciertas leyes de la física”, esta frase gloriosa emparenta directamente con otros deportistas de élite como Michael Jordan o Zinedine Zidane, el primero siempre parecía que duraba más en el aire que el resto, el segundo llevaba siempre el balón pegado al pie de manera absolutamente imposible. Como si hubieran nacido para practicar estos deportes, como si fueran capaces de practicarlo sin crispación, con un estilo único e irrepetible.

Esta facilidad innata, esta forma de entender el deporte y de practicarlo ha sido y será una tendencia que ha provocado una nueva forma de jugar, Wallace es consciente de esto y lo transmite a la perfección en el siguiente párrafo:

“De la misma forma enfática, empírica y dominante en que Lendl comunicó su lección, Roger Federer está demostrando que la velocidad y la fuerza del tenis profesional de hoy día son simplemente su esqueleto, no su carne. Él ha reencarnado, de forma tanto literal como figurada, el tenis masculino, y por primera vez en años el futuro de este deporte resulta impredecible.”

Los sucesores más recientes han intentado imponer su forma de hacer las cosas, tal es el caso de Murray o Djokovic pero, sin lugar a dudas, les falta bastante para suponer un hito como el que ha supuesto Federer para la historia. Qué suerte tenemos de haber vivido una época como esta.

Fajas Noviembre 2016. Efervescencia fajista

¿Quién podía pensar hace unos años cuando comencé esta sección que iba a evolucionar de esta manera? A estas alturas el #fajismo (Gracias José Luís) es toda una forma de vender libros que se utiliza por las editoriales como un instrumento más de promoción y hay que reconocer que sigue dándonos grandes momentos, gracias a elecciones de todo tipo. Esto no se acaba ni mucho menos, sigue en plena forma y hay mucho por hacer todavía. Vamos a repasar algunas de las últimas que me han llegado gracias a un montón de gente que se acuerda de la sección.

1-davidsonkolima-Esta vez voy a empezar con dos fajas poco trabajadas, siendo la primera la última novedad de Salamandra en su sello Black, Bajo los montes de Kolima de Davidson, una verdadera pena que la única frase que hayan puesto sea TAN manida. Poco puede atraer utilizar “por primera vez en castellano, el gran maestro del thriller”.

En la misma categoría de faja poco trabajada nos encontramos, 2-hecatombepor una vez, con una de Impedimenta, que vuelve a utilizar la frase Waugh para referirse a Gerhardie (“yo tengo talento, pero lo de Gerhardie es genialidad”) de la que ya hable cuando salió su anterior obra. Por lo menos añaden una de Nabokov, aunque no sea de lo más inspirado (“Para nosotros, Gerhardie fue el “nuevo novelista” más importante aparecido en nuestras vidas”).

3-ishiguro-Toda una subcategoría es la llamada faja Anagrama, todo un clásico, consolidándose mes a mes como un tipo único en su especie, que nos ha regalado momentos gloriosos; aprovechando la salida de lo nuevo de Ishiguro tenemos dos frases estupendas: por un lado de Alex Preston (Observer) que no duda en calzar como sea una analogía con la serie del momento (Juego de tronos), “Juego de tronos con consciencia”, de ahí que el
siguiente símil con Merlín el Encantador (“Merlín el Encantador para la época de la industria del trauma”) quede tan regulero. Lo que interesaba era meter la serie en cuestión. Por el otro lado, David Mitchell se lanza al vacío con un impactante “Si me obligaran a punta de navaja a decir cuál es mi novela favorita…”, este impulso barriobajero llama profundamente la atención y lleva nuestras fajas al nivel más callejero, es una lucha, y sólo puede quedar una. No 4-martinexpansedescarto elementos más agresivos en el futuro. (apunte, no comento las otras frases porque son de sobra conocidas: “hipnótico” “Cautivado” “logro” “obra maestra” etc…)

-Tendría que crear una categoría solo relacionada con Juego de Tronos y su creador George R.R. Martin, no falla el mes en el que están presentes en alguna; si antes hablaba de cómo se le citaba por Ishiguro, el caso de James S.A. Corey y El despertar del Leviatán es otro ejemplo más de citar al autor como fuente fidedigna de calidad, asociada a su obra más conocida. No hay nada como citar al autor (“Hacía tiempo que no leía una space opera tan buena”) que todo el mundo conoce y ligarlo al éxito de la serie porque, no nos engañemos, The 5-problema3cuerposexpanse no sirve más que para atraer a los escasos seguidores de la serie en España (gracias por la foto a @InfinitoAlex).

-A la hora de citar gente conocida que recomienda libros no hay (casi) nada mejor que citar al presidente de los Estados Unidos Barack Obama, la primera vez que se utilizó este argumento de autoridad lo comenté por aquí ; esta vez, para reforzarlo se recurre a unirlo con otro personaje muy conocido como es Mark Zuckerberg y acompañarlo de los consabidos éxitos en ventas (un millón de ejemplares) y premios (premio Hugo). Mezcla explosiva que veremos si funciona con El problema de los tres cuerpos de Cixin Liu. ¿Con la entrada de TRUMP volveremos a ver fajas de este estilo? “La novela que enamoró a TRUMP”, me

6-pradatemo que no…

-Parece que se va a convertir en tendencia la Autofaja, aquella faja en la que el propio autor aparece mencionado, ya tuvimos una perla de Rosa Montero, pero Juan Manuel de Prada no se quiere quedar atrás en su nueva propuesta “Un ajuste de cuentas conmigo mismo y con el mundo editorial” , hay que reconocer que consigue, al menos, llamar la atención por parecer outsider… aunque luego no lo sea.

7-lavidadelpastor-Para acabar sí que hay que inaugurar una nueva categoría, la de aquellas fajas que buscan una continuidad posterior en redes sociales, especialmente en estos dos casos, las referencias están ligadas a tuiter. El primer caso es la que aparece en La vida del pastor de Rebanks, “el campo no es solo una postal” es glorioso, las ovejas en la faja… todo muy rural; el colofón es poner la cuenta de tuiter del pastor tuitero (@herdysheperd1), tu experiencia no acaba cuando termines 8-bromainfinitael libro, puedes seguir viviéndolo con él en persona. Fantástico.

El último ejemplo de la entrega de este mes es otra relacionada con tuiter, echad un vistazo a la reedición de La broma infinita:

Lo habéis visto bien…. “Sigue la conversación con el editor en @claudiothelopez”. La idea es muy chula porque nos habla de cercanía, de poder comentar la obra con el propio editor, pero, por otra parte, Claudio es un hombre ocupado… ¿podrá contestar tantas conversaciones sin perder la paciencia? Claro que, si se trata de haberla leído antes… a lo mejor no llegan tantos. En fin, habrá que preguntarle a él.

Y ya lo  dejo por hoy. Espero que os haya gustado la entrega.

Un abrazo y ¡buenas lecturas!

Resumen Mayo 2016. Baileys, música y más

Si tuviera que resumir el mes de lecturas sería bastante difícil ya que fue variadísimo. Hubo hasta tres candidatos del Baileys Prize  y leí en inglés, también hubo varios libros de música y las últimas novedades de Sexto Piso, Siruela Negra o Nevsky. Quizá lo peor, por mis propósitos del año, haya sido que es el mes en que más libros de autores masculinos he leído, pero, de todos modos, sigo leyendo mucho más de mujeres, o sea que vayamos a la pila de lo que ha caído: 

Hotel California de Nine Antico, no sé si mis expectativas eran otras o de verdad me pareció poca cosa; lo que está claro es que esta historia de groupies me dejó un poco frío a pesar de sus divertidas referencias a la música de la época y al subrayado del papel de la mujer. No estoy seguro de recomendarla.

Un soplo de vida de Clarice Lispector, complejo diálogo profundamente metafísico entre un autor y su creación literaria que le sirve para tatar reflexivamente sobre el fenómeno creativo; parece mentira que esta fuera la primera obra que leía de la autora pero el misticismo subyacente en la conversación me resultó particularmente hermoso en su inaccesibilidad.

La hora de la estrella de Clarice Lispector,hay que reconocer que Lispector no deja indiferente y tenía un estilo muy personal; esta obra es un gran ejemplo para transmitir cómo parte de una situación formal que le sirve para desarrollar sus ideas, muchas veces estas ideas no son concretas y se basan más bien en la reflexión metafísica. Tiene algo que consigue cautivarme, puede que sean las imágenes que utiliza. Lo que es evidente es que seguiré leyéndola.

La improbabilidad del amor de Hannah Rothschild, hablé bastante sobre esta obra en el post que hice sobre la shorlist del Baileys Prize, si pincháis en el título podéis encontrar más información. Me parece muy recomendable.

Un hombre muerto de Ngaio Marsh, el primer número de la nueva biblioteca clásica de detectives merece un post más largo. Creo que llegaré a hacerlo.

Los que no perdonan de Charlotte Cory, espléndida novela de la que hablé en profundidad y que podéis encontrar pinchando en el título. 

Más lecturas no obligatorias de Wislawa Szymborska,  creo que ya dije lo que me gusta la escritora polaca, y esta es la confirmación: otro montón de ocurrentes e insospechadas reseñas de libros imposibles. 

A la mesa de Ingrid Noll, no me disgustó, no me encandiló, una respuesta tibia. No estoy seguro pero creo que leeré algún libro más para saber si vale la pena seguir leyéndola. El caso es que, por lo menos, hace el esfuerzo de nos transitar lo habitual en el género policíaco, solo por ello merece una segunda oportunidad. 

Tu amor es infinito de Maria Peura, durísima obra que trata un tema tan polémico como es el maltrato infantil; la prosa de la autora finlandesa es bella y te acompañara en un verdadero valle de lágrimas. Más información el post que hice al respecto.

Ruby de Cynthia Bond, otra de las candidatas al Baileys Prize, tenéis más información en el post que hice al respecto. La verdad es que resultó una muy buena lectura.

R.P. G. Juego de Rol de Miyuki Miyabe, fantástica propuesta policíaca a cargo de la japonesa Miyabe, en este caso no es tan importante el qué es la resolución como la forma en que los ingeniosos policías articulan su resolución. Hay que reconocer que disfruté bastante y siempre es un gusto conocer nuevas escritoras. 

Albertine. Rutina de ejercicios de Anne Carson, menuda generación de escritoras canadienses tenemos en la actualidad. Gracias a Vaso Roto podemos disfrutar de la poetisa/ensayista Anne Carson en esta pequeña obrita editada con mucho gusto. Textos cortos, epígrafes que le sirven para indagar en Albertine, el personaje de Proust, el humor y el lirismo devienen en una mezcla ciertamente subyugadora.

The portable Veblen de Elizabeth McKenzie, nueva candidata para el Baileys Prize, el último que cayó en el mes. Una obra bastante encantadora con una protagonista inolvidable, lástima que se desinfle en su parte final. Como siempre, si pincháis en el título tendréis más información.

Los disidentes

El tenis como experiencia religiosa de David Foster Wallace, dos ensayos son los que aparecen en este pequeño libro, los dos referidos al tenis, hay que reconocer que Wallace sabía hablar del deporte saliéndose de lo que puedes esperar. Especialmente interesante es el referido a la rivalidad de Nadal y Federer. Sigo pensando que me gusta más el Wallace ensayista que el novelista. 

El estado natural de las cosas de Alejandro Morellón, breve recopilación de cuentos de la que hablé en profundidad. Ya sabés, el enlace en el título. 

Los vengadores Costa Oeste: Los lazos que atan de Englehart, Milgrom y otros, divertida recopilación que sigue mostrándonos las aventuras del grupo liderado por Ojo de Halcón. Buen entrenamiento. 

El gran golpe de Darwyn Cooke, coincidiendo con la muerte del dibujante y guionista le hicimos un pequeño homenaje en canino, se me ocurrió escribir sobre su maravillosa Catwoman y de ahí que aparezcan esta lectura y la siguiente. 

El lado oscuro de la calle de Darwyn Cooke, aplica lo dicho anteriormente. ¿Para qué voy a repetirme?

Vida y obra de J.S. Bach de John Butt, ¿otra biografía sobre Bach? Pues sí. No muy afortunada, pero que sirve para complementar la información que tenemos de él. La reseñé en Ópera World una lectura interesante pero no imprescindible.

Historia insólita de la música clásica de Alberto Zurrón, es de agradecer que el autor se haya dedicado a intentar buscar esta recopilación de chistes que actúan como una historia alternativa de la música. 

Para terminar, como siempre os pongo las compras que hice en mayo. No estuvo nada mal.

AdquisicionesMayo

Podéis ver que algunos de ellos han caído ya (Cory, Marsh, Wallace…) del resto algunos van a caer en el verano con el monográfico policíaco (Edogawa, Ohri) y otros ya los dejaré para Septiembre en la rentrée (Bee Wilson, Despentes..); el resto van a tener que esperar al año que viene.

Un abrazo y ¡Buenas Lecturas!

Resumen Octubre 2014. Un mes “negro”

Sabéis que siempre tardo en poner resumen del mes. Entre otras cosas porque me gusta que hayan aparecido las reseñas del mes en cuestión antes; ha sido un mes difícil, con un ritmo menor de lecturas, debido precisamente a la lectura de una de esas lecturas “grandes” por calidad, número de páginas y tamaño. Es el caso de la obra “¿Por qué manda el occidente… por ahora?” de Ian Morris. Del que veréis reseña próximamente, ya que se extendió su lectura y lo terminé en  noviembre. Del resto de lecturas, sin lugar a dudas me centré temáticamente en la novela negra y policíaca como habéis ido observando en las reseñas mensuales.

Pasemos entonces a la ristra de lecturas, quince, a pesar de Morris:

“Hacer el bien” de Matt Sumell, tercer libro de la nueva colección “El cuarto de las maravillas” de Turner. Un pseudo-Palahniuk que ofrece una lectura más que entretenida con un poco de barrabasadas y situaciones que rozan lo transgresor polémico.

“Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth” de Richard Wagner, Fórcola nos trajo uno de esos libros que sacan a relucir una faceta del compositor que no conocíamos: epistológrafo. Sirven para entender además el contexto histórico y saber de primera mano el mecenazgo que vivió.

“El expreso de Tokio” de Seicho Matsumoto, una verdadera delicia detectivesca que nos trae una trama que funciona “al segundo” por su precisión.

“La sangre de los King” de Jim Thompson, no es lo mejor de Thompson, para nada. Estamos hablando de una obra del crepúsculo creativo del autor. Pero, claro, es una novela de Thompson.

“Wild Boy” de Rob Lloyd Jones, aproximación “freak” al mito de Sherlock Holmes, el protagonista, nuestro peludo “chico salvaje” hará las delicias del público juvenil, y del adulto. Buena nueva de presentación.

“Candentes Cenizas” de Erwin Schrödinger, un texto de esos curiosos y lleno de calidad, el físico y sus contradicciones. Poesía en estado puro.

“Niveles de Vida” de Julian Barnes, ya me extendí en su reseña. Baste decir que me encanta encontrar cualquier libro del británico. Es pequeña pero muy bella.

“Al borde del camino” de Seumas O’Kelly, recopilación de cuentos del irlandés que dejan tan buen sabor de boca que piden relectura próxima. Mezcla de costumbrismo y mito.

“El Leopardo” de Jo Nesbo, prefería al Nesbo de antes, aunque siempre ofrece un divertimento de calidad; en la reseña podéis ver las razones.

“Días de guardar” de Carlos Pérez Merinero, nuestro Jim Thompson patrio en una novela donde el punto de vista del criminal asusta y divierte por igual.

“Galveston” de Nic Pizzolato, el primero número de Salamandra Black ha sido un bombazo comercial que viene de la mano de su escritor, el creador de la famosa True Detective; lo que en la serie quedaba oculto tras la producción y dirección artística queda desnuda a la hora de escribir; un escritor mediocre, con “ecos” de todo según sus fervientes seguidores y que no hace más que mostrar sus vergüenzas en cada palabra: incoherencias, falta de cohesión, estilo inexistente, trama previsible…; una de las peores novelas negras de que he leído últimamente, una decepción que hace que se me ponga la mosca detrás de la oreja con lo que tiene que ofrecernos este nuevo sello.

“Laidlaw” de William McIlvaney, fantástica novela del escritor escocés con uno de esos detectives que tiene una personalidad única.

“Caminando entre tumbas” de Lawrence Block, por fin una novela más de Scudder, a ver cuánto tiempo tendremos que esperar para tener otra por aquí.

“Los perseguidos” de C.S. Forester, atípica novela policíaca con un punto de vista bastante arriesgado para la época en que fue escrita. Un tour de force más que una novela negra.

“This is Water” de David Foster Wallace, el famoso (y paradójico) discurso del norteamericano que complementa lo poco que queda por publicar de su intensa obra.

Y ya estamos en pleno noviembre, las compras del mes anterior, a pesar de que no se distinguen muy bien, fueron copiosas.

ComprasÚltimas2

En medio del mes lo que está claro es que  Gaddis va a ser la lectura central, “Los reconocimientos”, su primera y fabulosa obra está jerarquizando el resto del mes. No sé qué vendrá después. Es difícil saberlo, el vendaval Gaddis tiene efectos secundarios y duraderos.

Lo que sí he pensado es en preparar una especie de  novelas que me voy a leer en el siguiente mes. Este mes imposible claro, Pero en el siguiente, sí tocará y pondré foto. Entre otras cosas porque la buena marcha del año que viene dependerá muy mucho de ser previsor y un poco programático. Si no, mi proyecto no hay manera de avanzarlo.

Y eso es todo por ahora. ¡Buenas lecturas!

“This is Water” by David Foster Wallace. No quiero usar “paradoja” pero….

EstoEsAgua…. Es inevitable que surja tras leer este texto, que recoge el Discurso de Graduación de la promoción de 2005 del Kenyon College expuesto por el escritor norteamericano David Foster Wallace (a partir de aquí DFW); principalmente porque es un discurso orientado a cómo avanzar en la vida y, sin embargo, el autor se suicidó tres años después de haberlo dado.

En la primera parte del discurso adopta un tono formal pero sin ser condescendiente, en ningún momento da consejos de un modo paternal sino desde su experiencia, no quiere vender valores (aunque puedan llegar a serlo) sino que se centra en nuestra capacidad de elección ante lo que llama el modo por defecto de actuar (default-setting) y que nos viene impreso de fábrica a todos:

“This is not a matter of virtue — it’s a matter of my choosing to do the work of somehow altering or getting free of my natural, hard-wired default-setting, which is to be deeply and literally self-centered, and to see and interpret everything through this lens of self.

People who can adjust their natural default-setting this way are often described as being “well adjusted,” which I suggest to you is not an accidental term.”

De hecho, establece que ese modo que viene por defecto, está centrado en nosotros mismos y que la llave para salir de esa zona de comodidad ajustada a nuestros intereses es nuestra libertad para elegir lo que queremos hacer.

Sí subraya que ese modo de vivir nos lleva a una cierta esclavitud y esa esclavitud día tras día nos conduce a estar completamente solos en las vicisitudes que surjan en esa rutina:

“And I submit that this is what the real, no-bull- value of your liberal-arts education is supposed to be about: How to keep from going through your comfortable, prosperous, respectable adult life dead, unconscious, a slave to your head and to your natural default-setting of being uniquely, completely, imperially alone, day in and day out.”

Ante la amenaza que trae esta posible desesperación la única salida que ofrece DFW es nuestra elección, lo que decidimos “adorar”, no hay más truco que la perfecta conciencia de esta situación y afrontarla sabiendo lo que puede ocurrir si no lo hacemos:

“The only thing that’s capital-T True is that you get to decide how you’re going to try to see it. You get to consciously decide what has meaning and what doesn’t. You get to decide what to worship.

The trick is keeping the truth up-front in daily consciousness”

Finalizando el discurso, nos alienta sobre la posible clave para salir de nuestro egoísmo, la entrega al resto de personas que nos rodean, pequeños sacrificios que hay cultivar a todas horas y que nos sacan de nuestro margen de comodidad:

“The really important kind of freedom involves attention, and awareness, and discipline, and effort, and being able truly to care about other people and to sacrifice for them, over and over, in myriad petty little unsexy ways, every day. That is real freedom. The alternative is unconsciousness, the default-setting, the “rat race” — the constant gnawing sense of having had and lost some infinite thing.”

Aunque no quiere engañarlos, por mucho que lo diga, es terriblemente duro tomar esta decisión en cada día que vamos pasando:

“It is unimaginably hard to do this, to stay conscious and alive, day in and day out.”

De hecho, sabiendo cómo acabó su vida, está claro que él mismo no pudo predicar con el ejemplo de lo que comentaba.

Muy curiosa publicación que nos sirve para entender un poco más la figura de uno de los autores contemporáneos más interesantes del siglo XX y para, de hecho, aprovechar de alguna manera el indudable trasfondo de la forma de vivir que nos comentaba el norteamericano.

“El plantador de Tabaco” de John Barth

Si algo tenía claro era que la vuelta al blog después de las vacaciones tenía que ser a lo grande; ya que este post es el número ciento cincuenta y para tal acontecimiento era necesario que el comentario se refiriese a una “magna” obra. Dicho y hecho, aprovecharemos el momento para hablar de “El plantador de tabaco” del norteamericano John Barth.

plantador_gdeDesde que empecé Filología Inglesa tengo una pequeña obsesión con pintar, rellenar todos los huecos de la narrativa anglosajona; cosa harto difícil, habida cuenta del número de obras que permanecen inéditas todavía en este, nuestro querido país. Dentro de ese fascinante mundo anglosajón las piezas del puzle se van ensamblando cada vez más, gracias a la labor de editoriales pequeñas independientes: ahí tenemos el caso de Pálido Fuego que va a publicar en no mucho tiempo el “House of leaves” de Danielewski, obras de David Foster Wallace e incluso de Robert Coover en el futuro; e, igualmente, gracias a Sexto Piso estamos viendo la aparición de la obra literaria del gran William Gaddis, Kurt Vonnegut y, ahora, de John Barth. De hecho, estamos hablando de la que siempre se ha considerado la obra maestra del escritor y prometen más obras de él en adelante. No puedo más que relamerme los dedos y desesperarme con la (gozosa) espera.

“El plantador de tabaco” (“The Sot-Weed Factor”) fue publicada en 1960 e inicialmente Barth la concibió como la conclusión a una trilogía nihilista, siendo las dos primeras novelas de la trilogía “The Floating Opera” (1956) y “The End of the Road” (1958); y tomó su título del poema “The Sotweed Factor, or a Voyage to Maryland, A Satyr” de 1708 realizado por el poeta inglés Ebenezer Cooke (c. 1665-c.1732) del que prácticamente no se sabe nada.

Resumiendo a grandes rasgos la trama, la novela (ubicada en la década de 1680 a 1690 en Londres y Maryland) es una narración épica satírica de la colonización de Maryland basada en la vida ficcionalizada de Ebenezer Cooke; honrado con el título de Poeta Laureado de Maryland, y al que se le manda para cantar las alabanzas del proceso y que vivirá una serie de aventuras en su viaje a la colonia ( ¡y en ella!) mientras preserva, con no pocos problemas, su virginidad intacta.

Barth también tenía la idea de dar un epitafio al poeta, en sus propias palabras: “The Sot–Weed Factor began with the title and, of course, Ebenezer Cooke’s original poem. . . . Nobody knows where the real chap is buried; I made up a grave for Ebenezer because I wanted to write his epitaph”. 

A pesar de lo comentado, el resultado final fue por otros derroteros. Como dijo Barth en 1994: “Looking back, I am inclined to declare grandly that I needed to discover, or to be discovered by, Postmodernism.” (“Mirando atrás, me inclino a pensar mayormente que necesitaba descubrir, o ser descubierto por el Postmodernismo”). A partir de ese momento, de hecho, las obras de los períodos siguientes se inclinarían cada vez más a la fabulación, la metaficcionalidad, en conclusión: lo postmoderno.

Tras leer la obra, no puedo más que estar de acuerdo con lo anterior. Y me gustaría incidir en lo que considero sus virtudes, aquellas características que la hacen tan especial y, por qué no decirlo, una obra imprescindible del postmodernismo y, extendiéndolo aún más, de la literatura universal.

En primer lugar hay que tener en cuenta la estructura: la trama principal, ese tour de force de nuestro querido poeta, se convierte en un juego de cambios de identidad, mascaradas y equívocos altamente humorísticos por momentos que alternan con digresiones, historias dentro de historias e incluso listas (esotéricas, ingredientes de comidas, insultos…). Se puede comprobar fácilmente cómo la historia comienza de una manera más realista (como en sus obras anteriores) y va desencadenando una narración cada vez más postmoderna según avanza la obra: esas digresiones, esas historias dentro de historias, son elementos clásicos de este estilo. La novela toma como referencia los géneros (y formas) del siglo XVIII y las parodia, imita, recupera y reescribe: en esta parodia entran el Bildugnsrroman o relato de formación, el Künstlerroman o relato de formación de un artista y del género picaresco, convirtiendo toda la obra, en sí, en una farsa satírica de proporciones épicas. Luego volveré sobre este tema, ya que hay que indicar para qué le sirve esto.

En este texto que pongo a continuación de la fabulosa traducción de Eduardo Lago (que además hace el prólogo y de la que proceden todos los textos que voy a reproducir) para esta edición de “El plantador de tabaco” de Sexto Piso, encuentro dos hechos reseñables:

“En los años finales del siglo XVII había entre los juerguistas y petimetres que frecuentaban los cafés londinenses un individuo delgaducho y zanquilargo llamado Ebenezer Cooke, con más ambición que talento y, sin embargo, más talento que prudencia, el cual, al igual que sus compañeros de juerga, que en teoría estaban educándose en Oxford o Cambridge, encontraba en los sonidos de la madre lengua inglesa más un motivo de juerga y diversión que algo con sentido, con lo que se podía trabajar y, en consecuencia, en lugar de entregarse a los sinsabores de la erudición, el tal Ebenezer aprendió el arte de versificar, dando en desgranar, conforme a la moda de entonces, cuadernillos de pareados plagados de Joves y Júpiteres espumeantes, entre el estruendo de las rimas estridentes y símiles que de tanto tensar la cuerda, a punto estaban de romperla.”

Uno, sin dudarlo, el estilo, que imita las formas de novelas anteriores de Fielding, Sterne y su “Tristan Shandy” o de Samuel Richardson; requiere mayor esfuerzo lector por lo estrambótico, por la réplica del estilo antiguo; pero compensa debido al increíble lirismo de cada descripción, a la minuciosidad narrativa, al humor que destila en cada palabra, en cada metáfora. Una joya, de la que no te cansas y que te ayuda a disfrutar aún más. Dos, los personajes, este es el primer párrafo y asistimos a la presentación, cuál Quijote, de este poeta “de pelo y ojos claros, huesudo, los pómulos hundidos” “hombre garza, de patas flacas y pico largo, caminaba y se sentaba con pose descoyuntada; su porte mismo era una sorpresa angulosa, cada uno de sus gestos, una semiagitación.”

El triángulo de protagonistas que forma junto con Henry Burlingame (que en algún momento llegué a identificar con Sancho Panza) y la hermana del poeta, Anna, llevan el peso de buena parte de la obra y son parte de su encanto;  sin perder de vista al criado traidor, Bertrand, que le pone en más de una situación comprometida y a Joan Toast, una suerte de Dulcinea grotescamente desahuciada, a la que ama sin reparo:

“-¡Y vos sabed que os amo por ser mi salvadora y mi inspiración! –repuso Ebenezer-. Pues hasta esta noche en que habéis venido a mí, jamás fui hombre, sino un mero patán chocho y un currutaco; y hasta el momento en que os abracé jamás había sido poeta, sino poetastro fatuo y huero. Con vos Joan, ¿qué proezas no ejecutaré? ¿Qué versos no escribiré? […] Despreciadme, Joan, que entonces seré un loco egregio, un don Quijote que se tambalea por causa de su ignorante Dulcinea; pero aquí os desafío (si tenéis la vida y el fuego y el ingenio suficientes) a que me améis sinceramente, como yo os amo a vos, y entonces lucharé contra gigantes de verdad, y los sojuzgaré. Amadme y os juro lo siguiente: ¡Yo seré Poeta laureado de Inglaterra!”

No se puede negar la influencia “cervantina”, patente en ese protagonista y en sus compañeros; el ser conocedor del texto ayuda a disfrutar aún más de esta reescritura en clave satírica. También la “Ilíada” de Homero es musa inspiradora y nos lleva al hilo principal de la obra que además se convierte en otra cualidad reseñable:

“¿Hubiera tenido el mundo noticia alguna de Agamenón, o del fiero Aquiles, o del ingenioso Odiseo, o del cornudo Menelao, o del circo, todo lleno de griegos y troyanos que se iban pavoneando por ahí, de no ser porque el gran Homero habló de ellos en verso? ¿Cuántas batallas de mayor importancia creéis vos que se han perdido en el polvo de la historia por falta de un poeta que las cantara para la posteridad? […] Los héroes perecen, las estatuas sucumben, los imperios se desmoronan; pero la Ilíada se ríe del tiempo, y los veros de Virgilio son hoy tan verdaderos como el día en que fueron compuestos. […] ¡Sería una composición épica como jamás se ha escrito ninguna! ¡La Marilandíada, por mi fe!”

De la Ilíada deriva en esa “Marilandíada” y nos muestra su interés por ensalzar la labor del poeta y de la literatura en general como atestiguan estos momentos:

“Entre todas las artes y ciencias la literatura era la única que tenía como dominio propio el campo entero de la experiencia y el comportamiento humanos (de la cuna a la tumba y aún más allá; del emperador a la puta barata; desde la quema de ciudades hasta el modo de luchar contra el viento), así como los problemas de toda magnitud que afectan al hombre.” “¿Quién tiene más necesidad que el poeta de todos los dones divinos? El poeta posee el ojo del pintor, el oído del músico, la inteligencia del filósofo, la persuasión del letrado; cual un dios atisba el alma secreta de las cosas, la esencia que se oculta bajo la forma de las mismas, su más recónditos recodos. Cual un dios conoce las fuentes del bien y del mal: ve la semilla de la santidad en la cabeza de un asesino, el gusano de la lujuria en el corazón de una monja. Y aún voy más lejos: así como el poeta es entre los caballeros como una perla entre piedras pulimentadas, así también debe el Laureado ser un diamante  entre las perlas, un príncipe entre los príncipes.”

“¿Quién tiene más necesidad que el poeta de todos los dones divinos? El poeta posee el ojo del pintor, el oído del músico, la inteligencia del filósofo, la persuasión del letrado; cual un dios atisba el alma secreta de las cosas, la esencia que se oculta bajo la forma de las mismas, su más recónditos recodos. Cual un dios conoce las fuentes del bien y del mal: ve la semilla de la santidad en la cabeza de un asesino, el gusano de la lujuria en el corazón de una monja. Y aún voy más lejos: así como el poeta es entre los caballeros como una perla entre piedras pulimentadas, así también debe el Laureado ser un diamante  entre las perlas, un príncipe entre los príncipes.” 

 “¿Quién lee mejor el corazón de los hombres, el filósofo o el poeta? ¿ cuál de los dos está en más estrecha armonía con el mundo?”

Me gusta la idea de esta defensa del arte literario pero no por el arte, sino como único repositorio del testimonio y la experiencia  de la humanidad; y del poeta como focalizador de todo lo que proviene de Dios, al menos lo virtuoso, poniéndolo incluso por encima de la filosofía. Es lógico, por otra parte, esta afinidad; no en vano la literatura es mi mayor pasión y esta idea está cargada de romanticismo literario.

Barth, nada ajeno a la tradición norteamericana, no se olvida en esta obra de señalar uno de los temas más recurrentes en la literatura norteamericana: la identificación del protagonista con Adán:

“Me refiero a que lo que vos estáis haciendo es volver a representar la historia de Adán. Tanta importancia le concedéis a vuestra inocencia que por causa de la misma habéis perdido vuestro paraíso terrenal. Pero aún he de llevar esta idea más lejos: vuestra aventura no solo os ha dejado sin hogar, sino que al igual que sucedió con Adán, habéis probado vuestro primer bocado de Sabiduría y experiencia; de ahora en adelante no os será fácil coger frutos con que llenaros las tripas sino que ganaréis el pan con el sudor de la culpa, como hacen las masas humanas. Vuestro padres, si lo conozco bien, no dejará pasar esta ocasión de expulsaros del jardín del Edén.”

Este Adán americano, es colonizador, hombre hecho a sí mismo, ahí está el Sueño Americano.

Me encanta cómo la obra, ya lo indiqué anteriormente, va avanzando en forma y temas, y evoluciona del realismo al postmodernismo; los momentos en los que me di cuenta de ello empiezan a aconteceren la parte final aunque empiezan con la falibilidad del recuerdo:

“-En suma, pues: ¿se es lo que se recuerda?

-Sí –convino Ebenezer-. O mejor yo no sé lo que soy, pero sé que soy y que he sido merced a la memoria. El recuerdo es el hilo que ensarta los abalorios, constituyendo el collar; o como el hilo de Ariadna, del cual hizo entrega el ingrato Teseo: indica qué camino he seguido por el laberinto de la vida, me vincula con el punto de partida.” (ese recuerdo, esa memoria se torna aún más falible según se avanza en la obra, por los trastornos de identidades)

Y se extiende a la propia realidad como vemos en este diálogo entre Burlingame y Ebenezer:

“Sólo quería dejar bien sentado que toda aserción sobre el tú y el yo, incluso de cara a uno mismo, es un acto de fe imposible de verificar” a lo que Ebenezer responderá anonadado “¡Santo cielo, tu discurso me ha robado los símiles: no conozco nada que sea inmutable y seguro!”: la realidad que conocemos, fragmentada, es irreal, nunca podemos conocerla de manera absoluta e inmutable, se resquebraja: “-¡Todo esto es sumamente cambiante y confuso! […] ¡Nadie es quien ni lo que yo creo que es! -Pasan muchas cosas –asintió crípticamente el criado- que a gentes como vos y como yo se nos escapan. Maldita sea si las cosas son los lo que aparentan.”

Realidad, apariencia y recuerdo se mezclan cada vez más y a la luz de este relativismo, se enfatizan cosas menos universales. Lejos todavía del inicio del postcolonialismo que surgiría en 1978 con la obra de Edward Said “Orientalism”; Barth, con todo lo indicado anteriormente acomete una reescritura postcolonialista de los clásicos para modificar y subvertir el diálogo tradicional; de ahí el uso de la parodia y la ironía; todo se convierte en una farsa, sólo hay que ver el segundo nivel de lectura que nos da con los fragmentos de los diarios íntimos de sir Henry (de 1608), que van pintando la historia del antepasado de Henry y que no es más que una reescritura del cuento de John Smith y Pocahontas aunque con “algunas diferencias” como podemos ver en este párrafo:

 “Comenzó entonces Attonce a darse de palmotadas en la panza con el fin de despertar un mayor apetito de viandas y, en viéndolo, otro tanto hizo Burlingame, hasta que el estruendo de las tripas de uno y otro resonó por sobre las ciénagas como fragor de volcán. Acto seguido, Attonce, cruzado de piernas, dio en rebotar con las posaderas sobre el suelo, para agradar aún más su apetito; hizo otro tanto Burlingame que no daba cuartel a su rival, y la misma tierra entremecíase bajo el peso de sus espantables traseros. […] Y ansí estuviéronse  un buen espacio, efectuando numerosos rituales con que azuzaban el hambre, en tanto nuestra compañía los observaba, atónita, sin saber qué estaban presenciando, e los salvages batían palmas e danzaban en derredor, y Pokatawetussan miraba con lascivia a uno y otro rival.”

En clave de humor, la lucha entre los dos comilones dará un ganador que desflorará a Pokatawetussan. Esta visión desarma el porte apuesto y viril de una persona de principios, un gran americano, para igualarlo con la tribu de indios; es insólito, pero se produce durante el texto una lectura en contra del imperialismo británico dando aún más importancia a los personajes de otras razas y poniendo a los colonos al nivel de los indios.  Por si no nos quedara claro, en la parte final el norteamericano clarifica la reescritura del texto:

 “Otrosí fue tan osado que me mostró una relación escrita donde se refería cómo salvó a Pocahontas , cuya relación pensaba incluir en su mendaz Historia; aquella versión no hacía mención ninguna de la infamante desfloración de la princesa, sino meramente daba a entender que la doncella había sucumbido al porte viril y hermoso rostros de mi capitán. Así pues yo debía fingir que creía en aquella farsa burlesca y fue ello mismo lo que hame movido, con la esperanza de así apaciguar mi angustiada consciencia, a llevar a cabo aquesta relación verdadera en mi diario, en cuyas páginas ruego a Dios jamás pose mi capitán sus lúbricos ojos.”

La dicotomía “history-story” se hace presente, cobrando aún mayor importancia la segunda parte (“story”, esos cuentos dentro de otros cuentos)  debido a la falta de fiabilidad de la primera.

En un principio pensé sobre todo en lo anterior como motivo principal de la obra, sin embargo, ya acabando el libro me encontré con esto:

“El plantador de tabaco gozó de una popularidad constante entre las gentes de letras de Londres, bien que no era la clase de popularidad que hubiera deseado su autor. Los críticos lo consideraban un buen ejemplo de la clase de farsa satírica entonces en boga; elogiaban la rima y el ingenio; aplaudían las caracterizaciones y lo grotesco de la acción…, pero ni uno solo se tomaba en serio el poema.”

En un texto como este donde todo es farsa, ironía y parodia, ¿podría pensarse que precisamente nos quería mostrar algo serio? Según el texto de Edmund Fuller “The Joke is on Mankind” para el New York times, con el que estoy bastante de acuerdo, quizá el autor quería expresar a través de esta obra lo que es la humanidad: una sátira, un conglomerado de fragmentos que a veces no se pueden discernir y que constituyen, como nuestras vidas, una (tragi)comedia en sí mismos.

Infinitas posibilidades y reflexiones las que nos ofrece esta obra que, en mi opinión, es capital e imprescindible. Una obra mastodóntica que constituye un hito único por su influencia posterior y, cómo no, por sí misma. Necesitamos más de John Barth.

“La escoba del sistema” de David Foster Wallace

escobaLa publicación de “La escoba del sistema” de David Foster Wallace (en adelante DFW) llama especialmente la atención, en mi opinión, por dos particularidades fundamentales que rodean la edición:

-Uno, el nacimiento y consolidación (después de “Conversaciones con David Foster Wallace”) de una oferta literaria de calidad a través de la editorial “Pálido fuego” y de su traductor José Luís Amores. En su web podéis pasar a echar un vistazo y comprobar si os gusta lo que ofrecen.

-Dos, la publicación de la primera obra de un autor al que ya se le han publicado la mayoría de sus libros en otra editorial española (Random House Mondadori).

La mayoría de los grandes conocedores de DFW ven esta publicación “a posteriori”,  una vez leído todo lo posterior. En mi caso, empiezo prácticamente con ella su lectura cronológica incluida en mi proyecto, con lo cual mi visión será muy distinta del resto, o no. Solo conocía su magnífico e intenso libro de ensayos “Algo supuestamente divertido y que no volvería a hacer” donde abrumaba con su sana combinación de erudición y buen humor.

“-Una historia, por favor.

-¿Una historia, aquí?

-Tengo muchas ganas de una historia. Tal vez una historia haga que te olvides de tus oídos.”

“-Bueno, me gustan las historias. Y a Rick también le gustan. Creo que esa es una de las razones por las que parece que nos llevamos tan bien. Pero lo que en realidad le gusta a Rick es contarlas. A veces, cuando estamos juntos, él simplemente me cuenta historias, todo el tiempo. De las que le envían…. “

“-Rick, ¿cómo se supone que sé si algo es mordaz o tonto? No sé nada de literatura.

-A, la enorme mayoría del material que circula por aquí ni siquiera se acerca a la literatura, y b, ¡genial!

-¿Qué es genial?

-Que no sepas nada de literatura, o como mínimo que creas que no sabes. Significa que eres perfecta: fresca, intuitiva, separando la paja estética de tu pelo….”

“No sabes la clase de cosas que recibo de gente que está meramente… interesada. Y tristes, historias tristes. ¿Qué ha pasado con las historias felices, Lenore? ¿O con al menos moralidad? Me lanzaría con voracidad sobre uno de los textos didácticos salingerianos tipo “el consuelo se encuentra en el lugar más improbable” de los que recibía a docenas en Hunt and Peck. Me preocupan los chicos de hoy día. Esos chicos deberían estar fuera bebiendo cerveza y viendo películas y asaltando medias y perdiendo la virginidad y contorsionándose con música provocativa, no inventando historias largas, tristes y enrevesadas. Y por norma general son unos mecanógrafos simplemente atroces. Deberían estar fuera divirtiéndose y aprendiendo a mecanografiar. Estoy bastante preocupado. En serio.”

En los fragmentos anteriores se resaltan los aspectos de los que quería hablar en este pequeño comentario, sobre todo teniendo en cuenta que se ha escrito mucho y muy bien sobre la primera novela del ya fallecido literato norteamericano en blogs y diferentes medios.

En esta primera novela asistimos a una narración postmodernista con retazos, saltos en el tiempo, cambios de perspectiva,… conformando por momentos una “campus novel” desde el comienzo del libro (la infancia de Lenore) hasta el crepúsculo de alguno de sus personajes que vuelve posteriormente a la universidad.

Sorprende la capacidad de fabulación de DFW, de tejer y entretejer historias dentro de la historia principal; este carácter metaficcional, de narración autoconsciente, de recordarnos en todo momento que no es realidad sino ficción; se ve resaltado por el tipo de narración que escogió y le sirve para traer a colación aspectos relacionados con la literatura como la epistemología asociada a ella o la capacidad de crear historias de sus contemporáneos universitarios.

Es curioso que escoja, sin embargo, como personaje principal a una mujer, Lenore Beadsman, que se embarcará en la búsqueda de su abuela que desaparece junto con otros residentes y empleados en Shaker Heights y que se encuentra relacionada con Rick Vigorous de la editorial “Frequent and Vigorous” en la que ella trabaja. Esta viva descripción por parte de Rick nos trae a colación su fuerza vital:

“[…] encima de la cumbre de esa montaña de lo inimaginable estaría el hecho de que yo estuviera enamorado, escandalosa y patética y violenta y completamente enamorado de una persona dieciocho años más joven que yo, una mujer perteneciente a una de las familias más prominentes de Cleveland, que vive en una ciudad propiedad de su padre pero que trabaja respondiendo al teléfono por cuatro dólares a la hora, una mujer cuya indumentaria consistente en un vestido blando de algodón y unas zapatillas altas negras Converse es una constante perturbadora e indescifrable, que, sospecho, se ducha entre cinco y ocho veces al día, que trata la neurosis como un ballenero sus tallas de marfil, que vive con una chica esquizofrénicamente narcisista y una zorra casi seguramente ninfómana como compañera de habitación, y que encuentra en mí, quién sabe por qué, al amante total…. “

Digo que es curioso porque no suele ser fácil escribir a una mujer si no eres mujer, es otro tipo de sensibilidad del que eres consciente cuando lees a escritoras. Sin embargo, me atrevo a asegurar que sale airoso de su dibujo del carácter de la gran protagonista.  La galería de secundarios y resto de personajes es ciertamente reseñable desde el Doctor Curtis, con sus tronchantes sesiones en el diván con Lenore y Rick hasta el locuaz loro Vlad el Empalador, rebautizado como Ugolino posteriormente y su obsesión con el sexo.

A lo largo del libro, se van sucediendo las historias que había mencionado anteriormente para conformar un relato que se caracteriza por los cambios de estilo y de tipo de narración además de lo ya comentado: el final, abierto, desértico, con un predicador desatado, me recuerda a otra obra que ya comenté por aquí, el “Americana” de Don Delillo.

Es significativo que, en el diálogo de Lenore con uno de sus hermanos, este le comente: Todo el mundo aquí tiene un problema. Tú tienes un problema. El mío es ser el Anticristo, ser más o menos un residuo y mantener a mi pierna. Un intelecto mágicamente desperdiciado. Por así decirlo.”

La temprana muerte de DFW nos ha privado del que podría haber sido uno de los mejores narradores vivos, “un intelecto mágicamente desperdiciado”, ya se convirtió, quizá, en el mejor ensayista.

Marzo será para Atwood y alguno más…

Con el cambio de año no había vuelto a hacer este típico post con el resumen de lecturas del mes anterior y avance del que viene. Una vez regularizada la situación, vuelvo a estos posts empezando, como de costumbre con un pequeño repaso a lo que leí el mes anterior:

El mes se pudo dividir en tres grandes bloques, parece mentira; el primero de ellos tenía que ver con la literatura “pulp” de la que he hablado sobradamente en este post final con el resumen de todo lo que he publicado en el primer monográfico del blog en su corta vida; acabé los dos últimos volúmenes de la recopilación “¡Bang,Bang! Estás muerto” de los que ya  hablé sobradamente; en este bloque también entró la estupenda colección de artículos “Bolsilibro & Cinema BIS” y las muestras de pulp moderno publicadas gracias a la editorial Memento Mori y sus “Perros del desierto” y “Nigromancia en el reformatorio femenino”; el segundo bloque lo podríamos resumir como el comienzo de mi Proyecto literario para los próximos  tres años que tuvo su inicio con la lectura de las novelas “Esperando a los bárbaros” de Coetzee y “Goodbye Columbus” de Roth, de las que hablaré en profundidad en próximos posts; el último bloque, una miscelánea integrada por el norteamericano William Gaddis, con “Gótico Carpintero” y “Ágape se paga”, uno de los grandes de la literatura norteamericana, próximamente le dedicaré el tiempo que se merece; y Julian Barnes, del que leí en su idioma original el maravilloso “The sense of an Ending”.

Tampoco había puesto esta última representación de adquisiciones que irán cayendo según pasen los meses aunque no toquen en un futuro próximo.

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Una vez he repasado lo leído, paso a comentar lo que puede ser el mes de marzo, claro que, por el título podéis imaginar quién es la gran protagonista; he demorado en exceso introducirme en el universo de Margaret Atwood y le voy a poner solución por fin con la lectura, al menos, de “Asesinato en la oscuridad” y dos de sus obras paradigmáticas: “El cuento de la criada” y “El asesino ciego”; otra grande, de rabiosa actualidad por la publicación de su último libro en España en estos días, es Hillary Mantel, dos veces ganadora del Man Booker y de la que también pretendo leer “En la corte del lobo” y “Bring up the bodies” (aquí llamada “Una reina en el estrado”); ante tal representación femenina hay que contraponer exponentes masculinos que puedan contrarrestarlas, tarea difícil por otra parte, David Foster Wallace con “La escoba del sistema” y Ned Beaumon con “Boxer Beetle” y “The teleportation accident” lo intentarán; para terminar, no puede faltar un poco de novela negra o policíaca, Crispin y “El canto del Cisne” así como las dos últimas novelas de Martin Beck por los suecos Sjöwall y Wahlöö llenarán este espacio, puede que Himes también aparezca.

No puedo estar más contento con lo que se acerca este mes. Puede ser, sencillamente, electrizante en lo literario.

“Hermana mía, mi amor” de Joyce Carol Oates

del-boxeo-joyce-carol-oates-L-gUTtI7 Cuenta Joyce Carol Oates en su ensayo sobre la disciplina pugilística “Del boxeo”:

 “Lo cual nos retrotrae a la paradoja del boxeo; su obsesivo atractivo para muchos que encuentran no solo un espectáculo que comporta sensacionales proezas de destreza física sino también una experiencia emocional imposible de comunicar con palabras; una forma de arte, como lo he sugerido, desprovista de análogo natural en las artes; por supuesto también es primitiva del mismo modo en que pueden considerarse primitivos el nacimiento, la muerte y el amor erótico, e impone nuestro reticente reconocimiento de que las experiencias más profundas de nuestra vida son acontecimientos físicos, aunque nos consideramos, seguramente somos, seres esencialmente espirituales.” 

La gran escritora norteamericana consigue que, un deporte que no me atrae nada, se haga interesante, es una gran cualidad que redunda en toda su abundante obra. Ese equilibrio entre lo espiritual y lo físico, y de lo físico como originador de las experiencias más profundas de nuestra vida está presente en “Hermana mía, mi amor”, su última obra publicada en España.

Para esta obra la escritora tomó como referencia el caso real de JonBenét Ramsey, una reina de belleza infantil que fue hallada muerta en el sótano de la casa de sus padres ocho horas después de haber sido denunciada su desaparición y tras la aparición de una nota de rescate. Toma estos hechos de partida y los extrapola a una familia de su creación donde la niña es “Bliss” Rampike, icónico nombre que significa “dicha, felicidad” puesto por su madre a posteriori.

Para dotar de vida al relato utiliza el testimonio de su hermano, el disfuncional Skyler Rampike, que realiza la narración en perspectiva una vez que ha cumplido veinte años y está encerrado en una institución psiquiátrica; Skyler padece, entre otras muchas cosas, SRC (síndrome repetitivo compulsivo), que el mismo define como “mi necesidad de repetir, reconsiderar y revisar hasta la saciedad determinados episodios de mi pasado y del pasado de mi hermana”.

La elección de este narrador es muy sintomática de por dónde nos quiere llevar Oates, como él mismo comenta: “Y como corresponde, este documento no será cronológico ni lineal sino que seguirá un camino de asociaciones espontáneas organizadas por una lógica interior férrea (aunque imperceptible), nada literario, un relato sin pretensiones, de una tosquedad desarmante de aficionado  […]”, es totalmente consciente, además de que algo no está bien en su cabeza (nunca volví a ver a mi hermana y el pelo se me cayó a puñados, cuando creció de nuevo, creció mal. Y había algo en mi cabeza que también estaba mal”).

A través de este narrador tan poco fiable construye un relato postmodernista donde la prosa fluye fabulosamente de una manera discontinua con constantes saltos narrativos en tiempo y espacio, y con una profusión de notas a pie de página (a lo David Foster Wallace) que constituyen un subtexto en el que se desenvuelve el Skyler adulto y que complementan al niño; según las leemos no somos conscientes de su importancia hasta un momento en el que, en una de ellas, comenta sobre los vídeos de su hermana en internet: “[…] es el vídeo que probablemente verán ustedes de ella si entran en alguna página de las numerosas páginas de Internet sobre Bliss Rampike, porque en algún lugar del ciberespacio el vídeo se está poniendo sin descanso. ¿Es esa nuestra inmortalidad? ¿No es Cielo, si es que alguna vez ha existido, sino la posibilidad de que en algún sitio, alguien, quién sabe quién, quién sabe con qué motivos, compasivo, morboso, <<simplemente curioso>> , se baje nuestros momentos más heroicos, trágicos, humillantes, para ponderarlos como si pudieran tener algún significado?”.

portada-hermana-mia-mi-amor¿Es Skyler el que nos habla o es la propia Joyce quien se refiere a nosotros? O mejor aún, ¿y si “Skyler Rampike no era, como mucho, más que una nota a pie de página”,  qué crédito podemos dar a esta narración y, aún más, al postmodernismo?; ya que, como comenta más adelante: “Sin embargo, ¿y si el argumento de la propia vida es una trama imperfecta, episódica? ¿Y si la propia vida carece de probabilidad y de necesidad?”, ¿no es acaso el postmodernismo lo más parecido a la vida, a nuestra vida, y al habla un niño con problemas psicológicos? ¡Qué esfuerzo hace un escritor por escribir un texto postmodernista si lo puede hacer, sin embargo, cualquier niño!.

Consciente de este juego según avanzan las páginas, en un nuevo texto dentro del texto original vuelve a comentar: “¿Piensan que no soy capaz? ¿Piensan que yo, Skyler Rampike, empapado en Ironía, resentimiento y sandfraud crónica como un calamar envuelto en tinta, no puedo dejar de lado las estrategias postmodernistas de la “ficción narrativa” para cambiarlas por las emociones ingenuas, crudas, palpitantes, de la mera “narración”?”

Independientemente de estas disquisiciones, de esta sátira que puede esconder al postmodernismo como movimiento, el libro funciona a todos los niveles; consiguiendo, tanto en el estilo y estructura formal, como a nivel emotivo  y crudo de la ficción narrativa, un lujazo que en su parte final y tras un sorprendente giro, empatiza con el lector, y todo ello gracias a volver al presente, al Skyler adulto y en boca del pastor Bob:

 “Porque si bien no creo en gran cosa, sí “creo” en la humanidad y en nuestra necesidad de “creer”, que es una necesidad como el hambre. Y aunque no soy lo que se llama un hombre feliz, dispongo del poder de hacer felices a los otros”.

En esta expiación final del personaje y su correspondiente epifanía aprendemos que, quizá, no estemos aprovechando del todo nuestras vidas:

“Como el pastor Bob decía irónicamente: “Celebra lo que tienes. Puede que pase algún tiempo antes de que se presente otra ocasión”

Es la hora de que nos demos cuenta, hay que seguir avanzando y dando gracias por todo lo que tenemos, no es poco. Gracias Joyce por ofrecernos otro libro imprescindible.